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La mujer que ­siempre se perdía

La paciente Ellen Rose se pierde varias veces para llegar a la consulta de su psicólogo. Aunque este le indica por teléfono, paso a paso, el camino, ella es incapaz de orientarse en el espacio.

Getty Images / gremlin / iStock

En síntesis

Algunas personas son incapaces de orientarse en el espacio, aunque se encuentren a pocos metros de su casa o hayan andado ya ese camino.

En el trastorno de desorientación topográfica del desarrollo (DTD), el cerebro no sabe construir mapas mentales del entorno.

Para contrarrestar el problema, los pacientes con DTD aprenden a llegar a su destino mediante estrategias de ruta, como un cuaderno con notas ­detalladas sobre el itinerario.

«¡No tengo el más mínimo sentido de la orientación!» ¿Cuántas veces hemos oído decir esta frase? Por dentro, pensamos que quien la dice exagera, que no será para tanto. Sin embargo, en algunos casos se trata de un problema grave. Existen personas a las que les resulta imposible hallar su camino incluso en un trayecto que conocen muy bien. Giran a la izquierda en vez de a la derecha, a menudo se pierden por completo y son incapaces de volver sobre sus pasos, aunque estén a unos pocos metros de casa.

Ellen Rose fue mi paciente durante unos años, antes de que, por fin, me diera cuenta de que padecía este trastorno de aprendizaje. Lo entendí poco tiempo después de haber trasladado mi consulta de psicología de la ciudad de Agawam, en Massachusetts, a Suffield, un pueblo ubicado en Connecticut, a tan solo unos ocho kilómetros de distancia.

Aquel día, indiqué a Ellen cómo llegar desde mi antigua consulta a mi nueva oficina: debía tomar la vía rápida 91 hacia el sur hasta la salida 47W, luego cruzar el río Connecticut hasta la carretera 159 de Suffield. Pensé que no le supondría ningún problema.

Incapaz de saber dónde girar

Pasaban unos minutos de la hora establecida para la visita, cuando Ellen me llamó. Según me explicó, se había perdido. Si bien había circulado con su coche por la carretera 91 hacia el sur y tomado la salida correcta, después se sintió confundida (o quizá desorientada) e inmediatamente giró a la derecha para volver a tomar la autovía que llevaba al norte, a la ciudad de Longmeadow, en Massachusetts.

Ella sabía que se había equivocado, no obstante, ignoraba cómo encontrar el camino acertado. Le repetí las instrucciones. Los minutos siguieron transcurriendo. Me volvió a llamar: había pasado por delante de la salida correcta de la carretera 91, pero se encontraba en Windsor, Connecticut. La mantuve al teléfono y la guié directamente hasta mi consulta. Cuando le pregunté por qué no había tomado la salida 47W, me explicó que la vio, sin embargo, le pareció demasiado cerca, por lo que continuó avanzando.

El trastorno que presentaba esta paciente, denominado desorientación topográfica del desarrollo (DTD), no obtuvo un nombre oficial hasta 2009, año en el que Giuseppe Iaria y otros científicos de la Universidad de Columbia Británica describieron el primer caso en la revista Neuropsychologia.

Este artículo incluye

¿Cómo perdemos el sentido de la orientación?

    • Alain Berthoz

El caso de desorientación espacial que explica el psicólogo Charles Zanor debe trasladarse a un contexto más general, y la ­definición del trastorno de desorientación topográfica del desarrollo propuesta por ­Giuseppe ­Iaria ha de considerarse con precaución, pues es un problema ambiguo.

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