Utilizamos cookies propias y de terceros para mejorar nuestros servicios y facilitarte el uso de la web mediante el análisis de tus preferencias de navegación. También compartimos la información sobre el tráfico por nuestra web a los medios sociales y de publicidad con los que colaboramos. Si continúas navegando, consideramos que aceptas nuestra Política de cookies .

LSD para ­desayunar

Cada vez más personas consumen microdosis de LSD antes de emprender su jornada laboral. ¿Su objetivo? Aumentar la creatividad, la capacidad de concentración y sentirse más felices. Pero ¿lo consiguen?

Los consumidores de microdosis de LSD se toman en torno a una décima parte de la cantidad de LSD considerada «alta». Para ello trocean el papel de LSD en fragmentos pequeños. [YUROK / GETTY IMAGES / ISTOCK]

En síntesis

El LSD, pero también otras drogas psicodélicas, como la psilocibina, la ibogaína, la mescalina o la ayahuasca, se consume cada vez más en pequeñas dosis que no «colocan». El objetivo es ser más productivo en el trabajo o combatir depresiones o trastornos de ansiedad.

No obstante, no está claro que la llamada microdosificación surta efecto. Los primeros estudios señalan que cantidades mínimas pueden incrementar el rendimiento en determinados tests de pensamiento y creatividad. Pero el estado de las investigaciones en su conjunto es todavía incipiente.

Tampoco se han investigado todavía los potenciales riesgos de las microdosis ni su efecto en las personas con enfermedad mental. Se desconoce, por ejemplo, si las minúsculas cantidades de LSD pueden provocar psicosis en determinados casos.

Día 1. Día de microdosis. Sensaciones físicas: Mayor consciencia y atención sobre mí misma. Estado de ánimo: Emocionada. Nerviosa. Encantada. Conflictos: ¿Quién? ¿Yo? Esta idea es absurda. Sueño: Me costó quedarme dormida. Me desperté más temprano de lo habitual. Trabajo: Increíblemente productivo. Perdí la noción del tiempo.

De este modo, la escritora Ayelet Waldman describe en su libro Qué día más bueno: Tomar LSD en microdosis me cambió la vida el inicio de su experimento de 30 días. Waldman padece depresiones. En un intento desesperado por despejar la niebla de su cabeza, ingiere diez microgramos de LSD cada tres días a lo largo de un mes.

Las personas que practican la denominada «microdosificación de LSD» consumen cantidades mínimas de sustancias psicoactivas (más o menos, una décima parte de la dosis considerada «alta») de manera regular. Además de LSD, emplean también psilocibina, un principio activo de las «setas mágicas», y, más rara vez, otros psicodélicos, como ibogaína, mescalina o ayahuasca. Su objetivo no es colocarse, sino servirse de las drogas para elevar el estado de ánimo, mitigar el dolor, hacer volar la creatividad e incrementar su productividad, pero sin experimentar el consabido colocón, es decir, sin llegar a un estado alterado de consciencia.

La moda de la microdosificación de LSD proviene de California, de Silicon Valley para ser exactos, donde afanosos fundadores de empresas emergentes emplean la droga con el fin de trabajar de forma aún más rápida, eficiente e innovadora. Para el joven empresario Paul Austin, tomar LSD en microdosis constituye la respuesta a las exigencias del nuevo mundo laboral, en el que las máquinas se encargan cada vez más del trabajo rutinario y se requiere un pensamiento creativo y flexible reforzado. Pero también las personas que, como Waldman, sufren depresión y ansiedad han descubierto la microdosificación. Muchas de ellas afirman que se sienten más felices y vitales gracias a las microdosis de LSD diarias.

Austin ofrece cursos en los que imparte consejos sobre la manera de gestionar el consumo reducido de LSD en la vida diaria. La demanda es grande. El fórum Microdosis de la plataforma en línea Reddit, en la que los usuarios intercambian impresiones sobre distintos temas, tiene registrados 89.000 miembros. Allí se discute sobre la adquisición de la droga, la dosificación correcta y el esquema de ingesta óptimo. Los partidarios se muestran convencidos del efecto de las cantidades mínimas. En palabras de Waldman: «Por primera vez, desde hace mucho tiempo, me siento feliz. Ni sobrexcitada ni fuera de control, sino simplemente relajada y satisfecha conmigo misma y con el mundo».

El psicólogo James Fadiman le propuso la idea de experimentar en ella misma la toma de pequeñas dosis de LSD y le indicó las directrices a seguir. Este octogenario está considerado un gurú de la «microdosis». Desde 2015 lleva a cabo un estudio de campo en el que más de 1500 personas de todo el mundo explican sus experiencias con la microdosificación de LSD. Entre estas se encuentra Elsa, una joven guionista de 28 años y residente en Colonia, Alemania. Tiene experiencia con el consumo de LSD. En sus «viajes» le gusta trasladarse a espacios naturales y quedarse durante minutos admirando la estructura de la corteza de los árboles o el destello del sol sobre el agua. La embriaguez le aporta nuevas perspectivas que le resultan provechosas: después de tomar LSD le surgió una idea decisiva para una película, asegura. Hace tiempo que la moda de la microdosificación despertó su interés, pero no ha sido hasta ahora cuando se ha decidido a experimentarla durante un mes. El material se lo proporciona, como siempre, un conocido que se mueve por la escena de las drogas en Berlín. Paga 10 euros por una dosis que le durará un mes. Corta el cartón de LSD (una pieza de papel secante sobre la que se han vertido unas gotas de solución líquida de LSD) en 16 pequeños trozos del tamaño de la uña del pulgar. Por la mañana, durante el desayuno, deja que el primer pedazo se deshaga sobre su lengua.

Puedes obtener el artículo en...

¿Tienes acceso a la revista?

Los boletines de Investigación y Ciencia

Elige qué contenidos quieres recibir.