«Necesitamos más sentido de la racionalidad»

El psicólogo Keith Stanovich, experto en pensamiento racional, considera que este es esencial para afrontar los grandes retos actuales.

Keith Stanovich. Nacido en 1950 en Youngstown (EE.UU.), es profesor emérito de psicología aplicada y desarrollo humano en la Universidad de Toronto (Canadá). Estudió psicología en la Universidad de Michigan en Ann Arbor y ha publicado más de 200 artículos científicos y libros a lo largo de su carrera profesional. El núcleo de su investigación radica en la capacidad de pensamiento racional y la comprensión lectora. [CORTESÍA DE KEITH STANOVICH]

Profesor Stanovich, ¿puede medirse la racionalidad de las personas?

Seguro. Una posibilidad la ofrece el test CART (por las siglas en inglés de «Evaluación exhaustiva del pensamiento racional»), que ha elaborado mi grupo de trabajo. No buscamos con ello cuestionar el concepto tradicional de inteligencia, ni crear un cociente de inteligencia alternativo. Nuestro punto de partida lo constituyen los trabajos de Daniel Kahneman y Amos Tversky, quienes desarrollaron numerosos escenarios para estudiar la capacidad de juicio y de decisión de las personas [véase «Psicología de las preferencias», por Daniel Kahneman y Amos Tversky; Investigación y Ciencia, marzo de 1982]. En esos procesos surgen una y otra vez fallos fundamentales, conclusiones erróneas contrarias a los principios de la probabilidad y la lógica. Aunque este tipo de equivocaciones apenas se identifican con los tests de inteligencia, superarlas resulta esencial para el pensamiento y la conducta racionales.

¿De qué equivocaciones se trata?

Errores de juicio sistemáticos a los que nos conducen los heurísticos, es decir, sencillas reglas generales. No se deben al azar ni a la simple falta de atención, sino que revelan información sobre nuestra manera de pensar. Un ejemplo sencillo: ¿Qué ciudad es más grande, Roma o Chongqing? Puesto que la mayoría conoce la capital italiana, apuesta por ella. Sin embargo, la ciudad china Chongqing tiene más del doble de habitantes. Lo que nos resulta familiar nos suele parecer más significativo. Existen otras muchas trampas en las que caemos, como el sesgo de confirmación o el sesgo de frecuencia base. Un test médico con el que se diagnostica correctamente el 99 por ciento de los casos puede, sin embargo, producir muchas más falsas alarmas que aciertos cuando se evalúa una enfermedad rara. Algunas personas claramente cometen más este tipo de fallos. Ello, de manera sorprendente, tiene poco que ver con su inteligencia. Al parecer, el pensamiento racional, al menos en parte, es independiente del cociente de inteligencia.

¿Por qué el cociente de inteligencia o CI no es un buen indicador de la racionalidad?

Los valores de CI ofrecen buenas predicciones sobre el éxito académico o la aptitud profesional de las personas. Pero también existen otras capacidades cognitivas que van más allá. Se debe, sobre todo, a que los tests de inteligencia no nos tientan hacia pistas falsas. Las tareas y las instrucciones están hechas de forma que, en lo posible, queden excluidas la parcialidad y la ambigüedad. Por decirlo de alguna forma, un test de inteligencia se porta muy bien con nosotros, puesto que tiene que ayudarnos a extraer toda nuestra capacidad cognitiva. Por el contrario, en el mundo real, hay muchas personas que nos inducen a error y que nos quieren manipular en beneficio propio: publicistas, profesionales de los medios de comunicación, predicadores, políticos, charlatanes de todo tipo… Bajo circunstancias complicadas semejantes nuestros heurísticos alcanzan rápidamente el límite.

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