¿Qué es la razón?

Kant, Schopenhauer, Weber y muchos otros filósofos han analizado esta cuestión. En la actualidad se habla de una concepción plural de la racionalidad, que engloba varios contextos y significados.

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En síntesis

Para saber qué es la razón debemos llevar a cabo una investigación a través, sobre todo, del lenguaje. Debemos analizar el uso de este término en distintos ámbitos.

¿Es la racionalidad una propiedad o solo una capacidad del ser humano? ¿Es lo mismo pensar que comprender? Los filósofos han analizado estas cuestiones a lo largo de la historia.

En la actualidad, la racionalidad se entiende como un concepto plural, cuyo significado y función dependen del contexto de aplicación.

La persona que plantea esta pregunta quiere saber a qué nos referimos con el término razón y, por lo general, espera una definición. No obstante, esta no se puede dar al principio, sino, en el mejor de los casos, como resultado de una investigación adecuada. Pero ¿cómo se investiga la cuestión de la razón? Solo existe un camino: a través del lenguaje. Debemos aclarar cómo empleamos la palabra razón en los ámbitos que nos son familiares y preguntarnos cómo encaja este uso con lo que normalmente nos proponemos en tales contextos.

En el día a día, el sustantivo razón surge más bien en raras ocasiones, aunque algunas veces decimos que es posible que alguien atienda a razones o dudamos de la razón del Gobierno. Pero su correspondiente adjetivo, razonable, nos resulta más familiar y es rico en significados: por ejemplo, consideramos que las declaraciones, conclusiones, decisiones, reglas o instituciones son razonables cuando nos resultan comprensibles, sensatas, convincentes, adecuadas o apropiadas. A veces nos referimos con ello, de forma atributiva, al contenido de lo que juzgamos, pero también, de modo adverbial, a su realización. Algo puede ser razonable o no razonable, no solo como resultado, sino también como proceso.

Es cierto que nuestra gramática sugiere considerar la razón como un objeto abstracto sobre el que puede afirmarse esto o aquello. Sin embargo, eso se puede evitar si recordamos qué queremos decir cuando le pedimos a alguien que atienda a razones; podríamos decirle igualmente «¡Sé razonable!». Al decir eso apelamos al hecho de que es capaz de hacer algo razonable; eso es exactamente la razón: una habilidad, una facultad (como dicen los filósofos) o una capacidad.

En la comedia de Molière El misántropo, de 1666, se dice: «El hombre es un ser racional; quien lo crea, nunca ha sido un hombre». Estas palabras hacen referencia a la antigua definición, procedente de la Edad Media, del ser humano como «ser vivo racional» (animal rationale). Mas nadie cree seriamente que siempre seamos racionales porque ello forma parte de nuestra esencia. Pero es que tampoco se quería afirmar eso. Con la rationalitas como definitoria del ser humano jamás se refirieron a una propiedad permanente, sino siempre a una capacidad. Solo en ese sentido los seres racionales pueden ser racionales, pero también irracionales. En este segundo caso, empleamos el predicado en un sentido evaluativo o normativo. Por el contrario, nunca se nos ocurriría reprochar a nuestro perro que no sea racional; sabemos que es irracional, o carente de razón, desde la perspectiva de los valores y las normas que para nosotros representan ser racional. En este sentido, Immanuel Kant (1724-1804) propuso la siguiente corrección: para descartar el malentendido moliérico, tendríamos que entender al hombre no como animal rationale, sino como animal rationabile, esto es, como un «ser capaz de razonar».

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