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Control del pensamiento

Diríase que los investigadores del cerebro están hoy en condiciones de manipular casi a su antojo nuestro órgano del pensamiento. Pero, ¿otorgan realmente un poder ilimitado sobre las personas los nuevos conocimientos sobre los procesos mentales?

Los medicamentos pueden influir en el estado de salud de una persona o, incluso, de transformar su carácter. Gigantescos escáneres cerebrales observan los procesos mentales y los sentimientos, y parece como si nos miraran el alma. Hace poco un experimento realizado en la Universidad de Nueva York ha mostrado, de forma espectacular, cuán susceptible de manipulación resulta ser el cerebro; los investigadores implantaron electrodos en el centro de gratificación de una rata y, por ese medio, la teledirigían.
Al mismo tiempo se alzan voces que advierten de las consecuencias de la investigación cerebral para la sociedad. Son muchos los que temen que, al final, nuestro cerebro será del todo transparente, dejando al descubierto lo más íntimo de nosotros. Quizás un día se nos podrá manipular a voluntad con los nuevos métodos (sin que ni siquiera lo advirtamos). Entretanto, los críticos sitúan a las neurociencias en el mismo nivel que la ingeniería genética, con su rosario de organismos probeta, hombres biónicos e inminente catástrofe ecológica.

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