CORTESÍA DE ADAM VOORHES / «MALFORMACIONES»

El fotógrafo Adam Voorhes se topó con un centenar de cerebros olvidados en el trastero de la Universidad estatal de Texas. Decidió retratarlos. De esa casualidad nació la serie de instantáneas que recoge su libro Malformed: Forgotten brain of the Texas State Mental University («Malformados: Cerebros olvidados en el Hospital Mental estatal de Texas»). Algunos cerebros son excepcionalmente grandes o pequeños; otros presentan tumores o una coloración extraña; alguno carece de pliegues (imagen). Todos pertenecían a pacientes que murieron en el Hospital estatal de Texas a partir de 1950. Aunque poco se sabe de esos enfermos. Tan solo las etiquetas ­adheridas a los recipientes de cristal revelan la dolencia que sufría la persona fallecida. La edad, el sexo o el motivo de la muerte se desconocen, pues, con el transcurrir de los años, se han perdido los historiales médicos. Tampoco se sabe nada acerca del cerebro que aparece sobre estas líneas. Su aspecto solo indica que el paciente sufría lisencefalia, malformación genética en la que la corteza cerebral no exhibe los típicos pliegues. Esta anomalía cortical se debe a un desarrollo alterado del cerebro y puede presentarse con diferentes estados de gravedad. Los niños con lisencefalia tienen una esperanza de vida de pocos meses o años. También padecen importantes limitaciones intelectuales; algunos incluso se quedan estancados en la fase de desarrollo de un bebé. En el caso del paciente al que pertenecía el cerebro aquí mostrado, se desconoce cuán grave era su enfermedad.

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