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1 de Enero de 2016
Psicología social

Despegarse de las redes yihadistas

¿Cómo se explica que un joven pierda el sentido de la realidad hasta el punto de enrolarse en un movimiento radical en el que arriesga su propia vida y la de los demás? Y, sobre todo, ¿cómo puede salir de él?

ISTOCK / ISMAGILOV

En síntesis

La principal arma de los reclutadores de movimientos radicales para atraer a los jóvenes es Internet. A través de este medio, los aíslan de la familia y de su entorno social.

El rechazo hacia la sociedad y el sentimiento de integración en un grupo que detenta la verdad predisponen a los jóvenes para renunciar a su propia individualidad y cometer actos inhumanos.

Para liberar a la víctima de ese cepo, de nada sirve el discurso racional. Solo la reactivación de antiguas emociones y vivencias reporta resultados.

El marido de Mériam rapta a la hija de ambos, viaja a Siria y se suma a la yihad. Estamos en 2013. La joven, angustiada, recibe mensajes por móvil en los que su esposo afirma que quiere morir mártir con la niña.

Nada más saludar a Mériam, nos damos cuenta de que la situación es crítica. Debemos actuar con mucho tacto. Decidimos no enfrentarnos al hombre en el terreno de las ideas; no debemos discutirle ni refutar su ideología y proyecto. Nuestro objetivo se centra en un único lema: conseguir que revivan en el sujeto recuerdos del pasado. Hay que hablarle de los días en que conoció a Mériam, del nacimiento de la hija de ambos y de los lugares que visitaron juntos.

Transcurren diez meses sin el menor resultado. Un día, por algún motivo difícil de precisar, el hombre responde. Evoca una excursión, una cena de enamorados, momentos de sosiego. Aún conserva recuerdos; su afecto no ha muerto por completo.

El caso del esposo de Mériam ilustra una norma fundamental en la rehabilitación de las personas reclutadas por un movimiento fanático: no caben los razonamientos, debe trabajarse desde un plano emocional. Pero esa tarea resulta más fácil de decir que de ejectuar. La mujer, alentada por la primera respuesta positiva de su compañero, solo ansía explicarle que el proyecto que pretende es una insensatez; que por fin se ha dado cuenta de su error, y que debe regresar de inmediato. Nosotros la disuadimos. Frases de este tipo pueden echar por la borda meses de trabajo.

Esa es la mayor dificultad. Las personas cercanas a las víctimas han de mostrarles que siguen con ellos, que son su salvavidas. Deben continuar avivando el recuerdo de los lazos que les unieron en el pasado, sin olvidar que estos individuos han perdido gran parte de su humanidad y que se requerirá mucho tiempo hasta que retornen a una vida normal.

¿Cómo pudo este joven llegar a tales extremos? Conocer el modo en que estas personas son apartadas de su ambiente originario y convertidas en títeres del fanatismo ayuda a entender el modo en que se las puede «de­senganchar» de ese mundo.

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