Síndrome de la excitación sexual persistente

Algunas personas, sobre todo mujeres, sienten una excitación genital constante sin que exista ningún estímulo o deseo sexual. Lejos de dar placer, este trastorno causa dolor a quien lo padece.

ISTOCK / EFENZI

En síntesis

El síndrome de la excitación sexual persistente es una misteriosa enfermedad descubierta en fecha reciente que provoca una excitación genital insoportable y afecta a miles de hombres y mujeres en todo el mundo.

Muchos pacientes relacionan el inicio de los síntomas con la toma de antidepresivos, los inhibidores selectivos de la recaptación de serotonina. Las lesiones o los cambios hormonales también pueden constituir un factor importante en algunos casos.

El cerebro y el sistema nervioso periférico colaboran en la construcción de la sexualidad del individuo. Los problemas surgen cuando tiene lugar algún desacuerdo entre ambos.

En un pequeño pueblo de Hill Country, en el corazón de Texas, vive Sally* con su marido. Los hijos, ya mayores, abandonaron el hogar. Un día, la pareja salió a dar una vuelta en moto. En una aceleración, la mujer salió despedida hacia atrás, voló por los aires y aterrizó sobre su trasero. En el servicio de urgencias del hospital más cercano, los médicos le diagnosticaron varios discos de la columna vertebral comprimidos, una rotura de coxis y una fractura múltiple de la muñeca.

Tras soportar una serie de intervenciones quirúrgicas, tratamientos farmacológicos y sesiones de fisioterapia, su columna vertebral comenzó a recuperarse. Parecía que todo marchaba bien, a excepción de algunas molestias relacionadas con la vejiga: constantemente sentía la necesidad de orinar. Los médicos le comentaron que resolverían el problema.

Fue el incio de lo que se convertiría en una pesadilla: sin pretenderlo ni esperarlo, Sally sintió una gran excitación sexual. Por entonces no sabía que padecía el síndrome de la excitación sexual persistente, una misteriosa enfermedad descubierta en fecha reciente y que afecta a miles de hombres y mujeres de todo el mundo. Nada tiene que ver con la adicción al sexo ni con el deseo. Se trata de una alteración en los circuitos nerviosos periféricos, que también puede originar trastornos mentales (muchos afectados sufren depresión con tendencias suicidas).

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