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Los controvertidos ensayos de Milgram

Hace algo más de cincuenta años, el psicólogo Stanley Milgram desarrolló una serie de experimentos que destaparon aspectos sorprendentes de la conducta de obediencia humana.

GETTY IMAGES / STEVE MCALISTER (mano); SCIENTIFIC AMERICAN MIND (composición)

En síntesis

Los experimentos que Stanley Milgram llevó a cabo hace más de cincuenta años han abierto nuevos campos en la psicología.

Descubrió que personas corrientes estaban dispuestas a infligir descargas letales a un extraño si un experimentador se lo pedía.

Sin embargo, análisis más recientes han suscitado dudas sobre esta interpretación.

Stanley Milgram emprendió en 1961 un programa de investigación que habría de cambiar la psicología para siempre. Espoleado por el deseo de comprender cómo ciudadanos alemanes normales y corrientes pudieron participar en los horrores del Holocausto, decidió investigar cuándo y por qué se obedece a la autoridad. A tal fin, concibió y desarrolló un paradigma experimental ingenioso, a través del cual desveló el grado en que individuos normales están dispuestos a infligir dolor a sus semejantes.

Sus estudios demostraron que no se requiere una personalidad perturbada para causar daño a otros: personas sanas y bien adaptadas se mostraban prestos a administrarle descargas eléctricas letales a un congénere cuando así se lo indicaba una figura con autoridad. Los hallazgos de Milgram provocaron una convulsión en el ámbito de la psicología; también horrorizaron al público general. Asimismo, su trabajo dejó abiertas cuestiones apremiantes sobre la naturaleza del conformismo. Los psicólogos, movidos por dilemas éticos, se han esforzado durante decenios para diseñar experimentos igual de reveladores pero que no inflijan angustia ni remordimiento en los participantes.

Cuando Milgram emprendió el proyecto, su objetivo era otro. Se proponía evaluar si ciertas nacionalidades son proclives a amoldarse a los deseos de una figura de autoridad. Su plan consistía en estudiar la obediencia en Estados Unidos y viajar después a Europa para averiguar diferencias de comportamiento en sus diversas poblaciones.

No era el conformismo un tema nuevo; de hecho, Milgram había sido fuertemente influido por el psicólogo Solomon Asch, con quien estudió en 1959 en el Instituto de Estudios Avanzados de Princeton. Asch había demostrado que las personas a las que se pedía que estimaran la longitud de una línea ante otros sujetos, a menudo propendían a doblegarse ante las opiniones de sus iguales, incluso si con ello desdecían lo que estaban viendo con sus propios ojos.

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