Los estimulantes no facilitan el aprendizaje

Demuestran que la medicación para el trastorno por déficit de atención e hiperactividad no mejora el rendimiento académico a largo plazo de los pacientes; tampoco el de las personas sanas.

THINKSTOCK / SOMMERSBY

Ben, de diez años, no podía estarse quieto ni un instante. En casa llevaba a cabo tres actividades a la vez: jugaba con su tableta, daba su opinión mientras veía la televisión y hacía rodar una pelota. A veces, golpeaba las paredes; otras, literalmente, rebotaba en ellas.

En el colegio, sin embargo, su comportamiento era otro. Casi todos los días, se sentaba en clase con la cabeza sobre el pupitre. «Como una mole vencida», recuerda su madre, Suzanne Harkless, trabajadora social de Berkeley, en California. Las notas de Ben eran bajas y su profesor ya no sabía cómo ayudarle. Harkless decidió llevar al niño a un terapeuta, quien le diagnosticó un trastorno por déficit de atención e hiperactividad (TDAH). También le recetó metilfenidato, un estimulante que se usa para mejorar la concentración en estos pacientes.

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