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1 de Mayo de 2014
Neurodesarrollo

Neuroimágenes fetales

Incluso en el seno materno, los niños reaccionan a los estímulos ambientales. Con ayuda de técnicas de última generación se investiga el modo en que el cerebro del feto procesa la información del exterior.

ISTOCKPHOTO / NINJAMONKEYSTUDIO

En síntesis

Con ayuda de dispositivos de neuroimagen funcional adecuados puede observarse la actividad cerebral del niño en el seno materno.

Las mediciones mediante resonancia magnética funcional o magnetoencefalografía constatan que el feto procesa estímulos externos al menos desde el último tercio de la gestación.

Las bases de los procesos de aprendizaje del bebé se empiezan a asentar en el útero materno.

«¡Hoy nuestro pequeño se ha dado la vuelta solo por primera vez! Y me parece como si lo hubiese parido ayer», anuncia una madre orgullosa. A los padres les fascina la rapidez con la que sus vástagos se desarrollan y aprenden día a día. De repente, una criatura, en apariencia indefensa, comienza a agarrar objetos, luego incorpora el tronco, más tarde gatea sin parar por el hogar, y en algún momento emite su primer «mamá».

Sin embargo, el rápido desarrollo no se limita al período posnatal. Ya en el útero materno, los bebés adquieren nuevas habilidades. No obstante, se requieren medios técnicos adecuados para observar lo que ocurre en el vientre de una embarazada.

El feto envía señales de vida. Primero a la madre, quien comienza a sentir sus movimientos entre la semana 16 y 20 de gestación. Al poco tiempo comunica a su padre y a los hermanos que está allí mediante enérgicas patadas en la pared abdominal materna. Crece, y el vientre de la madre va en aumento.

A partir del segundo mes de embarazo se generan las primeras células nerviosas del diminuto organismo, las cuales migran a su lugar de destino. En la octava semana, el cerebro empieza a desarrollarse. Esta fase resulta decisiva, pues una enfermedad o el abuso de medicamentos o alcohol de la madre en ese período pueden comportar consecuencias graves para el niño.

En el año 2008, Lynn T. Singer y sus colaboradores de la Universidad Western Reserve de Cleveland comprobaron que los niños cuya madre consumía cocaína durante el embarazo manifestaban mayores dificultades en el pensamiento lógico y abstracto a los nueve años en comparación con sus compañeros de la misma edad. El consumo de alcohol acarrea consecuencias similares. También una diabetes puede empeorar las funciones cognitivas (el reconocimiento de objetos, entre otras), como constató en 2007 un grupo dirigido por Charles Nelson, de la Escuela de Medicina de Harvard en Boston, a través del análisis de la corriente cerebral de bebés en ocho meses de vida.

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