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Actualidad científica

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  • Mente y Cerebro
  • Mayo/Junio 2014Nº 66
Ilusiones

Ilusiones

Un parecido fiel

Nuestra capacidad de identificar rostros nos lleva a reconocer caras donde no las hay. En esas ocasiones ver se transforma en creer.

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Hay cosas en el empapelado de las paredes que nadie conoce, salvo yo, y que nadie nunca sabrá. Tras ese diseño externo, las tenues formas se vuelven más claras cada día. Es siempre la misma forma, solo que muy repetida. Y es como una mujer, que encorvada, se desliza sigilosa por detrás del dibujo.
—Charlotte Perkins Gilman, «The yellow wallpaper», 1892

La protagonista del relato corto «The yellow wallpaper», escrito por Charlotte Perkins Gilman, presenta el caso de pareidolia más notable dentro de la narrativa. Este fenómeno psicológico lleva a atribuir a un estímulo vago o casual un significado claro, aunque no exista fundamento para ello. Este tipo de percepción explica muchas experiencias presuntamente paranormales o místicas, como avistamientos de ovnis o de criaturas mitológicas (entre ellas, el Yeti).

En la historia de Gilman, la heroína acaba trastornada. Pasa el tiempo recluida entre las cuatro paredes empapeladas de su dormitorio, sin ocupación alguna. Tan solo con la compañía de la mujer que habita tras los motivos del papel amarillo horroroso que recubre la habitación y que la encamina a una esquizofrenia paranoide. Mientras se va sumiendo en la locura, la protagonista incluso se convence de que es ella misma la que se encuentra presa en el empapelado.

Las enfermedades mentales pueden agravar la pareidolia, lo mismo que la fatiga o la somnolencia. Después de una intervención quirúrgica, uno de los autores (Martinez-Conde) veía caras por doquier, en lugares tan inverosímiles como las ecografías del brazo izquierdo que le realizaron en el hospital a fin de descartar posibles coágulos postoperatorios. Enseguida comprendió que aquellos rostros eran producto del insomnio y de las elevadas dosis de analgésicos que circulaban a través de su torrente circulatorio, por lo que sintió más fascinación que preocupación. Aunque el médico se mostró de acuerdo con este parecer, consignó en la ficha de la paciente una nota: aconsejaba, por si acaso, un cambio de medicación en el futuro. Por fortuna, las paredes de la habitación del centro hospitalario se mantenían sobrias, sin un empapelado amarillo a la vista.

El cerebro humano está «cableado» para hallar significación. Nuestra aptitud para identificar estructura y orden en el entorno, combinada con un excelente talento para detectar rostros, puede conducir a casos espectaculares de pareidolia, con destacados efectos en la sociedad y en la cultura.

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