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La onicofagia puede deberse al perfeccionismo

Las conductas repetitivas centradas en el cuerpo obedecen posiblemente a una reacción por aburrimiento o frustración.

CORBIS

A menudo se piensa que la onicofagia (el hábito de morderse las uñas) se debe al nerviosismo, mas parece que la ansiedad no sea la causa. Cada vez existen más pruebas de que comerse las uñas, arrancarse los padrastros o tirarse del pelo son gestos propios de perfeccionistas y que en tales actos se busca aliviar el aburrimiento, la irritación o el fastidio.

Alrededor de una de cada veinte personas experimenta conductas repetitivas centradas sobre su propio cuerpo y se implica en actividades como las descritas hasta afear su aspecto o lesionarse. Estas conductas corresponden a tics y se encuentran emparentadas, más lejanamente, con los trastornos obsesivo-compulsivos. Los tics y otros comportamientos reiterativos son sumamente difíciles de abandonar. Por otro lado, muchas personas siguen pensando que se trata de un mero hábito nervioso y que su voluntad para corregirlo es demasiado débil.

Un nuevo estudio apoya una teoría que asigna tales comportamientos al perfeccionismo, no a la ansiedad. Los investigadores examinaron a 48 probandos: la mitad de ellos manifestaba esta conducta; la otra mitad, no. Quienes lo exhibían fueron calificados de perfeccionistas organizativos, por su tendencia a la planificación minuciosa, a trabajar más de lo necesario y a sentirse frustrados sin un alto grado de actividad.

Los investigadores crearon situaciones con el fin de provocar emociones de cuatro tipos en los probandos: para suscitarles estrés les mostraron una película sobre un accidente aéreo; para relajarlos les proyectaron una grabación en la que aparecía el oleaje del mar; para provocarles frustración les pidieron que solucionaran un difícil rompecabezas que, según les comentaron, era fácil, y, finalmente, para aburrirlos, los mantuvieron solos en una habitación. Quienes sufrían una conducta repetitiva centrada en el cuerpo se aplicaron a actividades insistentes en todas las situaciones, excepto en la relajante.

El trabajo, que publicó a principios de este año el Journal of Behavior Therapy and Experimental Psychiatry, baila en pareja con otra teoría reciente, a saber, que el estrés dista de ser la única causa de estos actos compulsivos. El aburrimiento y la frustración, sensaciones que se dan con frecuencia en una personalidad perfeccionista, pueden ser desencadenantes más vigorosos. Investigaciones anteriores proponen que rascarse o morderse consiguen, en efecto, que estos individuos se sientan mejor por un instante, tal vez porque satisfacen la urgencia en ocuparse en algo. Ahora bien, tras el alivio inicial llegan el dolor, la vergüenza y el bochorno.

Estos hallazgos podrían ayudar a los terapeutas en el tratamiento de pacientes que sufren este tipo de trastornos. Se ha constatado que este tipo de conductas perfeccionistas se pueden aliviar mediante terapia cognitivo-conductual. Si los pacientes lograsen aprender a pensar y actuar de diferente modo cuando aumenta la tensión, podrían bloquear sus impulsos antes de que estos se inicien.

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