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Metacognición: el poder de la reflexión

El concepto que nos formamos sobre nuestros pensamientos resulta clave para sobresalir en cualquier campo.

BRANDON HILL

En síntesis

La metacognición se define como la facultad de formular juicios sobre nuestros pensamientos. Por ejemplo, para valorar si una decisión que tomamos es acertada.

La precisión de la metacognición varía de unas personas a otras. Ciertas enfermedades mentales, como la demencia o la esquizofrenia, pueden menoscabar esta facultad.

Diversas estrategias parecen reforzar la metacognición; entre ellas, los descansos durante el estudio para reflexionar sobre el propio aprendizaje, o la meditación.

En la ronda final de un concurso de televisión británico solo una pregunta separaba a ­Judith Keppel de un millón de libras. Faltaba una última vuelta para ganar el premio. Esta era la pregunta: «¿Qué rey estuvo casado con Eleonor de Aquitania?».

Tras unos breves tanteos con Chris Tarrant, el presentador del programa, Keppel se decidió por Enrique II. «¿Respuesta definitiva?», le lanzó Tarrant. La concursante, sin pestañear, asintió. El público rompió en aplausos al comprobar que había acertado.

Keppel no vaciló aquel día de noviembre de 2000 gracias a su metacognición. Este término, acuñado por el psicólogo John Flavell en los años setenta del siglo pasado, alude al don que nos faculta para valorar nuestro pensar. ¿He introducido la contraseña correcta? ¿Recuerdo con exactitud ese momento de mi infancia? ¿Me resultará difícil aprender otro idioma? La metacognición es un tribunal interno que falla sobre el acierto de nuestras representaciones mentales, como ocurre al evocar un recuerdo o formular una opinión. La metacognición de Keppel confirió un atronador refrendo a su respuesta.

Con frecuencia se considera que la capacidad de reflexión sobre los propios pensamientos es exclusiva y propia de la mente humana. También se trata de una facultad esencial para sobrevivir. Gracias a la metacognición detectamos nuestros puntos flacos y los compensamos. El estudiante que no se cree preparado para su examen de química tal vez dedique otra tarde más a los orbitales atómicos. Cuando anotamos un recordatorio en el calendario del teléfono, temiendo olvidar una cita, o cuando preparamos una agenda de la actividad diaria, ha intervenido la metacognición para salvar nuestras deficiencias.

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