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¿Por qué algunos niños son reacios a comer?

Ciertos comportamientos a la hora de comer pueden no tener que ver con los alimentos.

ANDERS ANDERSSON

No existe una definición científica para el niño remiso a la hora de comer. Sin embargo, algunos padres conocen muy bien esa situación. Y probablemente estén en lo cierto: sus hijos son diferentes. Pero no todos los niños reacios son iguales, según señala un estudio reciente. La manida frase «mi niño no come» alude, en realidad, a un amplio abanico de comportamientos. Saber en qué categoría encuadrarlos puede ayudar a los progenitores a dar con soluciones constructivas.

Los investigadores reunieron a 170 niños de entre dos y cuatro años de edad, de los cuales, según sus padres, alrededor de la mitad eran «difíciles» con las comidas. Durante dos semanas se les alimentó con comidas estandardizadas. Los padres tenían que observar y registrar las respuestas de sus hijos.

Los niños sin problemas comieron cantidades más abundantes que los otros y no pusieron dificultades. Los «malos comedores» actuaron de distinto modo antes y durante las comidas: se negaban a sentarse a la mesa, mostraban cierta repugnancia o sospecha hacia ciertos alimentos, se encogían y apartaban la cara, daban manotazos a la cuchara o se atragantaban con la comida y la escupían.

Según explica la coautora del estudio Sharon M. Donovan, profesora de nutrición en la Universidad de Illionois Urbana-Champaign, identificaron cuatro categorías de comportamientos, posiblemente superpuestas, que serían responsables de que los padres considerasen «difíciles» a sus hijos.

Algunas de estas preferencias, como el rechazo al brécol, pueden ser innatas. Las investigaciones indican que algunos niños pueden ser genéticamente más sensibles a los sabores amargos y, por consiguiente, tardar más en tomarle gusto a ciertas hortalizas. Otras conductas, como mostrar tristeza o incluso atragantarse o vomitar, pueden no tener ninguna relación con la comida. Una niña, por ejemplo, puede estar enfadada porque tuvo que dejar de jugar para ir a la mesa y trata de manifestar su independencia rechazando la comida, explica Soo-Yeun Lee, coautora del estudio y también profesora de nutrición en Illinois.

No es raro que los niños le hagan ascos a la comida: Donovan afirma que entre el 19 y el 50 por ciento de los sujetos de hasta dos años son considerados malos comedores por sus cuidadores. La renuencia a comer puede depender de las reacciones de sus padres.

Los autores no disponen todavía de pruebas para cada tipo de comensal reacio, pero Lee opina que podría ayudar a los padres darse cuenta de que las reacciones infantiles a la hora de comer no siempre tienen que ver con los alimentos. En tal caso, no tiene mucho sentido que los progenitores planteen conflictos de autoridad con los pequeños sobre la comida, sobre todo, porque tal comportamiento suele desaparecer o atenuarse cumplidos los cinco años.

Los nutricionistas, mientras no desarrollen métodos más afinados, recomiendan algunas estrategias. Si al niño no le gustan las mezclas, preséntele los ingredientes por separado la primera vez que vaya a servirle una. Admita que su hijo tiene preferencias, pero sírvale alimentos que considere inaceptables junto a sus favoritos. No fuerce al niño a comer algo nuevo, pero anímele para que lo pruebe. Y sobre todo, paciencia e insistencia, aconseja Donovan. «Puede ser necesario ofrecer al niño diez veces un alimento nuevo antes de que lo acepte. Los padres, a menudo, ceden antes.»

Cuatro tipos de «malos comedores»:

- Niños sensorio-dependientes: Pueden rechazar un plato por su textura u olor.

- Niños preferenciales: Rechazan comidas nuevas o la combinación de alimentos.

- Niños perfeccionistas: Presentan exigencias peculiares; por ejemplo, que un alimento no toque a otro.

- Niños conductistas: Pueden encogerse o atragantarse cuando la comida no les parece «correcta» («¡El jamón y el queso tienen que estar en pan blanco, no en pan integral!») o negarse a ir a la mesa antes de saber lo que hay para comer.

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