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1 de Mayo de 2013
Evolución humana

Adaptados a la cultura

Los humanos somos seres culturales: aprendemos de nuestros semejantes y nos ponemos en la piel de otros. Esas capacidades facilitaron también el plagio.

UNIVERSIDAD DE TUBINGA / HILDE JENSEN

En síntesis

La capacidad para la cultura hace única a la especie humana. Su estrategia para sobrevivir consiste en la transmisión de tecnología y habilidades.

Los humanos se volvieron «supersociales» como consecuencia del robo visual, por apropiarse unos de las ideas de otros.

El lenguaje evolucionó de la necesidad de negociar. Con el proceso evolutivo se ha ampliado la variedad de talentos.

La respuesta a qué nos hizo humanos es, sin duda, la cultura. El desarrollo de esta capacidad excepcional hace ahora unos 200.000 años determinó nuestra evolución. Hace otros 60.000 años, el proceso evolutivo experimentó un acelerón: cuando los humanos modernos salieron de África en pequeñas sociedades tribales para ocupar y reconfigurar el mundo en solo unas decenas de miles de años.

La cultura se convirtió, pues, en una suerte de estrategia de supervivencia. La aptitud de nuestros ancestros de aprender de los demás, de transmitir y desarrollar el conocimiento, la tecnología y las habilidades resultó una característica poderosa y eficiente para hacer más humanas nuevas tierras y recursos. En definitiva, mientras que otras especies animales se encuentran confinadas en el ambiente al que sus genes se han adaptado, el ser humano se ha acondicionado a casi todos los medios de la Tierra.

Los humanos actuales descienden de los individuos ancestrales con mayor capacidad para utilizar la fuerza social en beneficio de sus intereses. Las características que definen de manera única la naturaleza humana, a saber, la «supersociabilidad» y el lenguaje, además de varios talentos y habilidades innatas, surgieron como adaptaciones a la vida en el medio social de la cultura, no de la historia compartida con otros animales.

Nuestra identidad cultural descansa sobre dos pilares fundamentales que abren una brecha insalvable entre las personas y el resto de las especies con respecto al potencial evolutivo: el aprendizaje social y la teoría de la mente. Por medio del primero podemos copiar comportamientos a través de la simple observación; el segundo pilar nos permite atribuir estados mentales a otros congéneres, de manera que adivinamos o comprendemos sus motivaciones. Asimismo, podemos copiar las ideas o inventos más provechosos de los demás.

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