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Actualidad científica

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  • Mente y Cerebro
  • Mayo/Junio 2013Nº 60
Retrospectiva

Neurología

El ayer y hoy de los astrocitos

Santiago Ramón y Cajal desarrolló pioneras contribuciones en el estudio de la neuroglía. Las investigaciones actuales confirman sus hipótesis ahora centenarias.

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Hace unos cien años que Santiago Ramón y Cajal (1852-1934) publicó «Algo sobre la significación fisiológica de la neuroglía» (1897) y «Contribución al conocimiento de la neuroglía del cerebro humano» (1913), dos trabajos centrados en el estudio de las células de la glía. Como muchas de sus investigaciones, estas resultaron pioneras en el conocimiento del cerebro y su función en el organismo.

Transcurrido un siglo, la comunidad científica sigue citando las aportaciones de Cajal con asiduidad; las novedosas y avanzadas técnicas no hacen sino confirmar numerosas de las propuestas que desarrolló en torno a la neuroglía. Invitamos al lector a dar un paseo, de la mano de los descubrimientos de Cajal, por los conocimientos de ayer y de hoy acerca del significado funcional de la neuroglía.

En 1899, Cajal ya se planteó en uno de sus trabajos la siguiente cuestión: «¿Qué significación funcional debemos otorgar a la neuroglía? Desgraciadamente, en el estado actual de la ciencia no es posible contestar a la importante pregunta más que mediante conjeturas más o menos racionales. En presencia de este problema, el fisiólogo se halla, por falta de métodos, totalmente desarmado». Estas palabras reflejan el estado incipiente de las investigaciones de la neuroglía en aquella época, circunstancia que no impidió a Cajal proponer ideas e hipótesis que, aunque prematuras, fueron acertadas.

A finales del siglo XIX, una de las ideas imperantes sobre la función glial se centraba en la teoría de relleno. Según esta, las células gliales servirían para dar consistencia al sistema nervioso rellenando los lugares no ocupados por las neuronas. Cajal discrepaba, ya en 1895, de esa simple noción que relegaba a la neuroglía a una función insignificante: «¿Qué van a sostener corpúsculos pequeñísimos, aislados, flexibles, delicadísimos, mucho más delicados y pequeños que las células nerviosas mismas?». Frente a ello propuso la teoría del aislamiento, es decir, los astrocitos podrían servir como elementos aisladores de las distintas neuronas.

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