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El peso del apego temprano

Algunos niños sufren en sus primeros años de vida abandono e incluso malos ­tratos. A menudo esa experiencia les lleva a mostrarse agresivos, inaccesibles o temerosos en la guardería o la escuela. ¿Cómo debe actuarse en tales casos?

GEHIRN UND GEIST / MANFRED ZENTSCH

En síntesis

Las experiencias de apego traumáticas durante la primera infancia pueden conducir a un vínculo desor­ganizado y, en el peor de los casos, a un trastorno del apego.

Los niños afectados muestran problemas de conducta, en especial en situaciones sociales.

La terapia ayuda a que el infante aprenda una conducta de vínculo seguro. En los casos más graves, se requiere una intervención clínica o el apoyo de una familia de acogida.

«Lisa, ¡ven inmediatamente!», grita enfadada Ana. Excepto Lisa, todos los demás niños de dos años que participan en el grupo de juego se encuentran sentados en el regazo de su respectiva madre. Lisa, en cambio, se acomoda sobre las rodillas de la monitora, a la que observa con sus enormes ojos azules. El porqué de la impetuosa reacción de Ana, la madre de la niña, resulta incomprensible para el resto de las mujeres que forman parte de la terapia.

Luis, de cuatro años y medio, se deja llevar por la ira ante la contrariedad más insignificante. Solo su madre es capaz de calmarlo. La convivencia en el hogar familiar funciona bien, no obstante, la conducta del pequeño se altera cuando se encuentra fuera de casa. Incluso los padres preferirían no salir con él. Al poco tiempo de matricularlo en una guardería, se vieron obligados a darle de baja porque agredía a otros niños.

Emma tiene tres años y medio. Todo el día anda pegada como una lapa a su madre. Por la noche, cuando sus padres la acuestan, ya agotada, suele dormirse de inmediato. Pero, transcurrida apenas media hora, se despierta llorando. Si la madre se tumba a su lado, se rinde de nuevo al sueño, sin embargo, el ruido más mínimo la asusta. Con frecuencia pide a sus padres que jueguen con ella en mitad de la noche.

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