Logran atenuar el dolor con imanes

La alteración de la actividad cerebral mediante campos magnéticos podría disminuir el dolor crónico.

MENTE Y CEREBRO / ALBERT MARIN GARAU

El tratamiento de ciertos trastornos cerebrales a través de técnicas en las que se emplea la influencia de los campos magnéticos quedó consagrado hace pocos años, al revelarse eficaz para aliviar las depresiones graves. Ahora, la estimulación magnética transcraneana repetitiva (EMTr) parece también prometedora para la terapia de otra patología: el dolor crónico.

Hasta hoy, el dolor parecía encontrarse fuera del alcance de la EMTr, pues las regiones cerebrales implicadas en dicha percepción se ubican en lo más profundo del encéfalo. De hecho, la EMTr se ha aplicado por ahora en los trastornos relacionados con áreas cerebrales contiguas al cráneo.

En el caso de la depresión, se dirige un campo magnético a la corteza prefrontal dorsolateral (ubicada en las circunvoluciones superficiales del encéfalo) mediante una sola bobina que es recorrida por corrientes eléctricas. Asimismo, sobre otras regiones de los pliegues externos del cerebro, la EMTr mejora los síntomas motores de la enfermedad de Parkinson, evita o difiere las lesiones de un ictus, atenúa las molestias consecuentes a lesiones nerviosas y se muestra útil en el trastorno obsesivo-compulsivo.

El campo magnético afecta a las señales eléctricas con las que se comunican las neuronas, aunque no se sabe con exactitud por qué se alivian los síntomas. Se conjetura que la EMTr puede reorientar la actividad de ciertas células especiales, e incluso circuitos cerebrales completos.

Con el fin de aumentar el alcance de esta técnica, David Yeomans, de la Universidad Stanford, y sus colegas utilizaron cuatro electroimanes en lugar de uno solo. Para el dominio de los complejos campos magnéticos también requirieron cálculos matemáticos de alto nivel. Eligieron como diana la corteza cingulada anterior (CCA), área activa en la sensación de dolor, sea cual sea su origen o naturaleza.

Se aplicaron los impulsos magnéticos a la CCA de probandos sanos durante 30 minutos. Tras ello, se les pidió que describieran minuto a minuto las sensaciones dolorosas que les producía una placa caliente que se les aplicaba en el brazo mientras se les examinaba la actividad cerebral a través de la tomografía por emisión de positrones (TEP). Según los resultados, los sujetos valoraron que la sensación de dolor había descendido en un 80 por ciento después de que se les aplicara la EMTr; el escáner TEP reveló asimismo una actividad menos acusada en la CCA.

En un segundo ensayo, los investigadores evaluaron el tratamiento en individuos afectados de fibromialgia, patología que provoca dolor y lasitud por todo el cuerpo. Los pacientes recibieron cada día una dosis de impulsos magnéticos a lo largo de cuatro semanas. Los sujetos confirmaron que la sensación de molestias diarias se había reducido en torno a la mitad. Al finalizar el tratamiento, el alivio perduró unas cuatro semanas.

El estudio, presentado el pasado octubre en un congreso de la estadounidense Sociedad de Neurociencia, en Nueva Orleáns, revela las posibilidades que ofrece la EMTr para tratar diversos tipos de dolor. La aplicación de la técnica ha ido en constante aumento desde 2008, tras la aprobación por parte la Agencia Federal de Fármacos y Alimentos (FDA, por sus siglas en inglés) para el tratamiento de depresiones graves.

«Cada vez más psiquiatras la están incluyendo en su repertorio terapéutico», asegura Yeomans. En su opinión, esta técnica no invasiva influye en el dolor sin que se introduzcan nuevas moléculas en el organismo, por lo que es posible que dentro de poco alivie a los enfermos para los que un tratamiento medicamentoso resulta inocuo o incluso inexistente.

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