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«Podemos escuchar la sonrisa oculta tras una mascarilla»

Desde abril de 2020, el uso de mascarilla es obligatorio en muchos lugares del mundo. ¿Afecta esta medida a nuestra ­comunicación interpersonal? Ursula Hess, investigadora de las emociones, sostiene que ni siquiera una mascarilla bien colocada consigue ocultar una sonrisa sincera.

Las mascarillas se han convertido en una imagen familiar en muchos países del mundo. [UNSPLASH / CORINA RAINER]

Doctora Hess, la mascarilla, colocada de manera correcta, nos cubre la boca y la nariz, es decir, que la mitad de la cara resulta irreconocible. ¿Cómo influye esa circunstancia en la percepción de la persona que tenemos enfrente?

Que esa persona le cause una impresión positiva o negativa dependerá, sobre todo, de cómo valora usted el hecho de llevar mascarilla. Si encuentra que las medidas de protección actuales son exageradas, considerará que se trata de una persona ingenua o boba. Si, por el contrario, usted está convencida de la necesidad de usar mascarilla, seguramente sentirá mayor simpatía hacia ella.

A menudo, sonreír ayuda a relajar la situación. Pero la mascarilla dificulta reconocer una sonrisa.

Eso es lo que, en un inicio, se puede suponer. Sin embargo, uno de nuestros estudios, que publicaremos en breve, demuestra que no es así: los humanos no reconocen peor las expresiones emocionales cuando la nariz y la boca están tapadas. En una risa sincera, no solo se mueve la boca; también se contraen los músculos del hueso cigomático y el músculo orbicular de los párpados. Por eso se eleva la comisura de la boca y aparecen las típicas líneas de expresión alrededor de los ojos. En nuestro estudio, la mayoría de las veces, el área de los ojos bastaba para reconocer las emociones. Lo analizamos con bufandas, nicabs y mascarillas. Solo constatamos confusiones en casos aislados.

¿En cuáles?

En el caso del miedo y de la sorpresa. Por lo general, en ambas emociones abrimos los ojos de par en par. La diferencia determinante la marca la zona de la boca. Cuando expresamos miedo, ensanchamos la boca, y si estamos sorprendidos, la abrimos. Si la boca y la nariz están cubiertas, no podemos ver esas diferencias. El hecho de que podamos reconocer incluso estados mentales sutiles, como la reflexión, a través de los cambios de expresión alrededor de los ojos lo demuestra el Test de la Mirada, desarrollado por el psicólogo británico Simon Baron-Cohen, junto con otros científicos.

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