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¿Psicoterapia para los genes?

Un trauma puede activar ciertos genes de riesgo y, de esta forma, ­influir en el desarrollo de una enfermedad psíquica. Los médicos ­buscan utilizar estos conocimientos para mejorar los tratamientos farmacológicos y psicológicos.

Las experiencias influyen en la actividad de los genes. [Getty Images / Mike_Kiev / iStock (ADN); Getty Images / AOtzen / iStock (niña)]

En síntesis

Al parecer, ciertas variantes génicas fomentan el desarrollo de trastornos psíquicos. La puesta en marcha de estos genes de riesgo depende de su lectura.

Los llamados marcadores ­epigenéticos influyen en la ­actividad de los genes. Por ello, una experiencia traumática puede modificar el patrón genético de ­forma adversa.

Esta variación explica la ineficacia de ciertos medicamentos. El desarrollo de fármacos más específicos y de psicoterapias más adecuadas podría revertir una huella genética dañina.

Alicia Vega, de 52 años de edad, se acuerda perfectamente de la primera vez en que la ansiedad se apoderó de ella. Fue el domingo de Pentecostés de hace ahora siete años, mientras recorría la ruta de una mina junto a sus amigos. «Percibí una sensación oscura, como una ola gigante arrastrándose en mi interior», relata. Nunca se había considerado miedosa, pero ese túnel le pareció insoportable en esos momentos. No sería la única experiencia de estas características que iba a vivir. En las semanas siguientes, los episodios ansiosos repentinos parecían acecharla en cualquier esquina. Su idea de pasar el fin de semana en la playa se truncó por ese motivo: mientras se dirigía a De Haan, su lugar de veraneo habitual durante la infancia, la ansiedad volvió a golpearla de manera inesperada. El pánico surgió como un relámpago en su camino hacia la habitación del hotel. «Pensé que iba a volverme loca y que me desmayaría», confiesa. El viaje de vuelta a casa le resultó agotador: todo el trayecto tuvo que repetirse para sí misma el mantra «Lo puedes superar. Lo vas a superar».

Se calcula que entre un 2 y un 3 por ciento de la población sufre un trastorno de ansiedad a lo largo de su vida. Durante el episodio, los afectados sienten una angustia terrible al pensar que les sobrevendrá un ataque al corazón o que se volverán locos. El miedo al siguiente episodio provoca que algunos apenas abandonen las cuatro paredes de su casa, por lo que acaban aislándose por completo.

Las causas del problema resultan todavía un enigma. Se sabe, sin embargo, que los trastornos de ansiedad son más frecuentes en ciertas familias, lo que sugiere que los factores genéticos influyen. De hecho, los estudios con gemelos univitelinos apuntan en la misma dirección: si un gemelo sufre esta afección, el riesgo de que su hermano (genéticamente idéntico) también la desarrolle aumenta de manera considerable. Los científicos estiman que la influencia del material genético se aproxima al 50 por ciento. No obstante, para que una predisposición genética induzca un trastorno de ansiedad deben sumarse, casi siempre, factores ambientales.

Alicia atravesaba en aquel momento una mala época. Su madre padecía una grave dolencia cardíaca y ella tuvo que encargarse de todo. Mantuvo innumerables conversaciones con los médicos y aconsejó y consoló a su madre, al tiempo que le invadía la preocupación de que la intervención quirúrgica fracasara.

Con frecuencia, las personas con trastorno de ansiedad afirman que poco antes de sufrir la primera crisis de pánico experimentaron una vivencia traumática (entre estas, una separación dolorosa, un despido laboral o el fallecimiento de una persona cercana). De hecho, los genes y el ambiente interactúan también en otras enfermedades psíquicas, como las depresiones o los trastornos obsesivo-compulsivos, entre otros. Los científicos de todo el mundo están tratando de descifrar la base de esta interacción. Los hallazgos podrían impedir la aparición de trastornos psíquicos y ofrecer respuestas a preguntas tan relevantes como: ¿por qué las experiencias traumáticas «trastornan» solo a algunas personas? ¿Cómo ayudan las psicoterapias a paliar sus efectos? ¿Por qué responden los pacientes de forma tan diferente a los distintos tratamientos?

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