Agresión pasiva

Algunas personas manipulan a las demás con ayuda de excusas y mentiras. ¿Cómo se pueden reconocer estas estrategias y hacerles frente?

Las personas que recurren a tácticas agresivo-pasivas en el trabajo se muestran comprometidas con la empresa, pero, secretamente, ­adoptan una postura defensiva. [LOVE PORTRAIT AND LOVE THE WORLD / GETTY IMAGES / ISTOCK]

En síntesis

La agresión pasiva es una forma encubierta de agresión que generalmente sirve para manipular a otros sin que se den cuenta.

La mayoría de las personas usa este tipo de estrategias en la vida cotidiana solo de manera ocasional, para rehuir responsabilidades y evitar confrontaciones.

Quienes padecen un trastorno de la personalidad pasivo-agresiva apenas pueden controlar ese comportamiento y resultan ofensivos. Otros reaccionan mejor, abordando abiertamente su problema con esa táctica.

Todo el mundo reconoce un comportamiento agresivo. Con frecuencia, sirve para dañar a alguien o deteriorar material. Las personas actúan de ese modo cuando están enojadas o creen que alguien o algo les impide conseguir su objetivo o no funciona como es debido. El coche no arranca, alguien me ofende, decepciona o me demuestra que no es de fiar. En pocas palabras, se vuelve agresiva la persona que considera que tiene derecho a determinadas cosas («El coche tiene que arrancar»; «Me deben respetar», etcétera). Este tipo de agresividad puede denominarse «emocional», puesto que surge de la ira y la frustración.

Pero las personas también emplean la agresión «instrumental» cuando alzan la voz, insultan o amenazan para lograr algo concreto. De esta manera, intimidan al otro, lo manipulan o lo inducen a una acción. No se trata, o no en primer lugar, de perjudicar al otro, sino de obtener un beneficio de la agresión. A menudo fingen estar furiosas, pero solo es una fachada. Por supuesto, también pueden ocurrir ambas cosas a la vez: estar enojado y querer provocar un efecto en el otro (por ejemplo, hacerle sentir culpable o castigarlo). En este caso, la ira puede servir de pretexto y justificación para perseguir el propio objetivo.

La agresión abierta o directa es relativamente fácil de detectar, pues no se halla camuflada ni oculta. Tampoco debería estarlo. Tanto el comportamiento como su desencadenante y propósito son fácilmente reconocibles para los implicados. Por el contrario, la agresión instrumental suele ocultarse. En ella no se percibe el carácter agresivo de la conducta, o no de forma inmediata. Por lo general, no queda claro lo que quiere realmente la persona y lo que le impulsa a comportarse así. Quien no sepa lo que esa persona persigue no reconoce el carácter instrumental del acto.

Tal forma de agresión se conoce como «pasiva», puesto que es indirecta, no de confrontación. La agresividad pasiva también busca perjudicar a la otra persona o inducirla a que haga algo que no quiere, pero de manera que no lo perciba. La conducta pasivo-agresiva es, por tanto, instrumental, pero de forma encubierta.

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