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«La microbiota es clave en el desarrollo del sistema nervioso»

Las alteraciones muy tempranas en el desarrollo de la microbiota del bebé pueden afectar a su salud física y mental posterior. Las microbiólogas Anne Judith Waligora y Marie-José Butel explican por qué sucede y plantean los posibles beneficios terapéuticos de los llamados psicobióticos.

Anne-Judith Waligora-Dupriet y Marie-José Butel son microbiólogas y, respectivamente, profesora y catedrática emérita en la Universidad de París-Inserm.

¿Cómo se forma la microbiota intestinal?

Anne-Judith Waligora: Todo comienza al nacer. Cuando el bebé está en el útero, su sistema digestivo contiene pocas o ninguna bacteria. Es en el momento del parto cuando el recién nacido se sumerge en un mundo de bacterias y estos microorganismos comienzan a «colonizarlo». Algunas de estas bacterias provienen de las secreciones vaginales de la madre (con las que se encuentra al salir del útero) y entran en la boca, el estómago y los intestinos del bebé, donde encuentran un buen lugar para desarrollarse. Las primeras bacterias colonizadoras (o «exploradoras», podríamos decir) son las bacterias aeróbicas, que prosperan en presencia de oxígeno y preparan el terreno para las otras, las anaeróbicas, que prosperan en ausencia de oxígeno, modificando las características químicas del ambiente interno del tracto digestivo del niño. Hoy en día, se cree que las primeras bacterias son importantes y están involucradas en el establecimiento de una microbiota «buena». Lo que constituye una buena microbiota es otra cuestión.

¿Qué sucede tras el parto?

Marie-José Butel: Cuando el bebé sale por la vía vaginal, no hay que olvidar que también se encuentra con la microbiota fecal de la madre (las bacterias contenidas en las heces, de las que siempre hay rastros), que también tiene un papel importante en la composición de la microbiota fecal del bebé y participa en el futuro establecimiento de una microbiota «buena».

 

Waligora: El niño está inmerso en un mundo lleno de diversos y variados microorganismos. Algunos vienen del entorno, de los objetos que toca; otros de su piel, de su boca y de las personas que lo cuidan... y otros vienen de lo que come. Es al hallar todas estas fuentes de bacterias que la microbiota del niño se forma para alcanzar una composición más o menos estable entre los tres y los cinco años. Esta composición apenas cambiará posteriormente.

¿Así que los bebés que nacen por cesárea no están debidamente «colonizados»?

Butel: Efectivamente, al nacer por cesárea, el neonato no adquiere el mismo perfil bacteriano que un niño que nace por vía vaginal. Numerosos estudios confirman que hay un retraso en el desarrollo de la microbiota. Los trabajos epidemiológicos han revelado una relación entre los nacimientos por cesárea y un mayor riesgo de desarrollar ciertas enfermedades, como obesidad y trastornos inflamatorios intestinales crónicos debido a los desequilibrios de la microbiota. En 2016, un equipo probó por primera vez cepillar a los recién nacidos con compresas empapadas en las secreciones vaginales de la madre: esta operación favoreció su colonización bacteriana, que devino, para algunas bacterias, en algo bastante parecido a la de los bebés nacidos por vía vaginal. Hoy en día, algunas madres incluso piden que sus bebés sean «colonizados» con bacterias vaginales cuando dan a luz por cesárea. Pero pienso que, en este enfoque, falta una microbiota fecal para lograr una colonización casi «perfecta».

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