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Los beneficios del agradecimiento

La gratitud nos permite apreciar los aspectos bellos de la vida y nos ayuda en muchos momentos difíciles. Poco a poco, la ciencia descubre más detalles del potencial de este sentimiento único.

DEIMAGINE / GETTY IMAGES / ISTOCK

En síntesis

Los filósofos se han ocupado de la gratitud desde la Antigüedad. Los psicólogos, en cambio, hace solo veinte años que han descubierto el potencial de este complejo sentimiento.

Las personas que tienen la suerte de saber valorar lo que les sucede en la vida son más felices y sufren menos depresiones, adicciones o desgaste laboral.

La capacidad de agradecer puede entrenarse. Por esa razón, los investigadores estudian el modo de utilizar la gratitud como herramienta terapéutica y de autoayuda. Sin embargo, la gratitud no es una panacea que funciona con todas las personas.

Es posible que un estoico de la Antigüedad describiera de este modo el día: «Hoy parece que la gran catástrofe natural no aparece; no ha muerto ningún amigo y ni tan solo ha llovido». Los representantes de esta escuela grecorromana del pensamiento en torno a Epicteto (50-135 d.C. aprox.) y Séneca (4 a.C.-65 d.C) desarrollaron, hace casi 2000 años, una refinada receta para la felicidad: parte siempre de lo peor. Si acontece lo previsto, estarás menos decepcionado que el optimista; y si no ocurre, te sentirás aliviado y feliz.

Esta es una de las muchas posibilidades de tomar consciencia de la maravilla de la existencia en el día a día. Pero el estrés en el trabajo, las facturas y el tráfico en hora punta, entre otros muchos factores, nos llevan a que perdamos rápidamente de vista este aspecto de la vida. Incluso en una jornada desastrosa, la mayoría de los humanos tendría muchos motivos para sentir gratitud.

Las personas que entrenan su mente para ello son más felices, mantienen relaciones más satisfactorias y sufren menos depresiones, adicciones o desgaste laboral (burnout); además, afrontan mejor las adversidades del destino. Según investigaciones recientes, entre ellas el estudio de Paul Mills, de la Universidad de California en San Diego, la gratitud beneficia incluso la salud. Así, los pacientes con una enfermedad cardiovascular que saben valorar mejor los aspectos buenos de su vida son menos depresivos, duermen mejor, están más convencidos de tener su afección bajo control y tienen menos marcadores de inflamación en sangre, los cuales aumentan el riesgo de padecer un fallo cardíaco. Cada vez más hallazgos sugieren que la gratitud no es sencillamente la consecuencia de unas mejores circunstancias vitales, sino la causa de la felicidad y los beneficios para la salud que esta conlleva.

Al parecer, el hecho de que los humanos puedan ser agradecidos se debe a una ventaja evolutiva. Aquel que estaba agradecido por un favor, tendía a devolverlo. Esta reciprocidad reforzó los vínculos sociales de nuestros antepasados. Todavía hoy, la gratitud promueve el altruismo. Además, reduce la agresividad, crea un sentimiento de unión y ayuda a construir y profundizar las relaciones interpersonales. Al contrario del sentimiento de culpa, con el que, por lo general, solo se devuelve lo que se recibe, parece que la gratitud aumenta la disposición de hacer el bien a los demás.

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