El ladrón de coches incorregible

Tras un ingreso hospitalario, el señor O., un honesto probador de coches en una fábrica de automóviles, comienza a robar vehículos para dar un paseo. Pese a recibir varias sanciones, le resulta imposible dejar de cometer los hurtos. En su cerebro descubren una misteriosa lesión

THE BEST PHOTO FOR ALL/ GETTY IMAGES/ ISTOCK

En síntesis

De un día para otro, el señor O. comienza a «tomar prestados» coches para pasearse y abandonarlos luego en algún lugar sin explicar nada a nadie.

A pesar de que le detienen y encarcelan en varias ocasiones a causa de estos delitos, continúa repitiendo su conducta, la cual se convierte en una obsesión.

Los exámenes médicos revelan que el paciente O. presenta una lesión en la corteza orbitofrontal, en la parte anterior del cerebro. Ello fomenta su comportamiento obsesivo.

Hace unos años, la señora O. acudió a mi consulta para pedirme consejo sobre el comportamiento de su esposo, quien no podía personarse, pues se encontraba en prisión por robo de coches. El señor O., de poco más de 50 años de edad, había tenido varios altercados con la justicia. Desde hacía 15 años, con frecuencia tomaba «prestados» vehículos. El motivo de esos hurtos parecía incomprensible.

A los 35 años, el hombre sufrió la rotura de un aneurisma, una protuberancia en las paredes de una arteria que debilita la zona. Si ese abombamiento anormal se rompe, la sangre comprimida sale de la arteria y provoca una hemorragia en las meninges, en caso de que se extienda por la superficie del cerebro, o una hemorragia cerebral, si se filtra hacia el interior. El aneurisma del paciente O. se localizaba en una arteria oculta en el intersticio que separa los lóbulos frontales derecho e izquierdo. Lo operaron rápidamente para eliminar el aneurisma, pero durante la intervención quirúrgica se produjo otra hemorragia que obligó al cirujano pinzar otra arteria responsable de irrigar la cara oculta del lóbulo frontal derecho. Al parecer, el paciente se salvó sin presentar secuelas. Tras permanecer ingresado en el hospital durante un mes, volvió a casa. Y a su trabajo.

El señor O. llevaba diez años como empleado en una fábrica de automóviles. Su misión consistía en probar los coches que salían de la cadena de montaje. Pero a la vuelta de su convalecencia, los responsables de salud laboral no le permitieron retomar el mismo puesto, por lo que le asignaron un trabajo de oficina, condenado a llevar a cabo tareas que le resultaban tediosas. Para colmo, la ventana de su oficina daba al parking en el que los empleados dejaban su coche. Unas semanas después, bajó a la zona de aparcamiento, vio un automóvil con las llaves puestas en el contacto, se puso al volante y se marchó de la fábrica. Estacionó el coche cerca de casa sin explicar nada a nadie. Pero el incidente no pasó desapercibido. Poco después, la policía lo detuvo.

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