Hipersensibles a la injusticia

La manera de considerar las situaciones injustas varía según las personas. Quien tiene mucho miedo a convertirse en víctima a menudo se muestra deesconfiado y poco cooperativo

FIZKES/ GETTY IMAGES/ ISTOCK

En síntesis

La intensidad con la que percibimos la injusticia y reaccionamos a ella forma parte de nuestra personalidad. Los psicólogos indagan las causas y consecuencias de esa «sensibilidad a la injusticia».

Grosso modo, se distinguen cuatro perspectivas: la sensibilidad de observador, de víctima, de autor y de beneficiario. Si bien se encuentran relacionadas, la sensibilidad de víctima guarda una menor vinculación con las otras tres.

Una gran sensibilidad a la injusticia no necesariamente implica un comportamiento más justo. Sobre todo, cuando prevalece el punto de vista de la víctima, la voluntad de cooperar parece resentirse.

Crisis de refugiados, pandemia, cambio climático, guerra en Ucrania. Apenas ningún día transcurre sin que recibamos una mala noticia que nos afecte a nivel emocional. Por ese motivo reaccionamos: donamos dinero, vamos a una manifestación o firmamos una petición. Si lo hacemos o no y qué sentimientos nos despierta tal acción se halla muy relacionado con nuestra propia sensibilidad ante la injusticia.

Así pues, no solo depende de las normas y los valores sociales, sino que también la valoración subjetiva de cada persona desempeña un papel en este terreno. Disciplinas como el derecho y las ciencias políticas, la filosofía o la teología se ocupan de estudiar medidas normativas para fomentar la justicia a través de los reglamentos legales. Pero no siempre predomina la unanimidad sobre lo que es justo o injusto. Según los psicólogos, las personas se diferencian entre sí, por una parte, en relación a la idea de justicia que sostienen y, por otra, en la sensibilidad con la que reaccionan ante su violación.

Ello resulta especialmente relevante cuando se trata de la distribución de recursos, ya sea poder político, dinero o una plaza de formación o estudios. Para establecer una respuesta lo más justa posible a la pregunta «¿Quién recibe qué?», se pueden aplicar varios principios. Los tres más importantes son: esfuerzo o contribución («cada cual debe recibir lo que le corresponda por su esfuerzo y contribución individual»), igualdad («todos deben recibir lo mismo») y necesidad («se debe recibir lo que se necesite»).

Ninguno de estos principios resulta por sí mismo verdadero o falso. Más bien depende del caso concreto y de la persona que emite el juicio: las que, por ejemplo, se declaran en contra de las prestaciones sociales para los demandantes de asilo suelen fundamentar su postura en el principio del esfuerzo, a través del lema: «Quien no ha aportado nada tampoco debe recibir nada». Para otras personas, prevalece el principio de necesidad, según el cual cada uno debe recibir lo que necesita para garantizar una cierta calidad de vida.

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