Hipotermia cerebral como tratamiento

Cuando al cerebro le falta oxígeno, las células nerviosas mueren al poco tiempo. No obstante, una temperatura corporal baja puede evitar daños cerebrales a causa de una parada cardiorespiratoria

FERGREGORY / STOCK.ADOBE.COM

En síntesis

Las células humanas ralentizan su metabolismo cuando disminuye la temperatura corporal. Ello puede utilizarse con fines terapéuticos, por ejemplo, para proteger el cerebro de posibles daños durante o tras una parada cardiorrespiratoria.

En la hipotermia profunda o paro cardíaco hipotérmico, se aplican al paciente temperaturas por debajo de los 30 grados Celsius. Este procedimiento se emplea en determinadas intervenciones coronarias, ya que permite que la operación se prolongue en el tiempo.

Los médicos utilizan la hipotermia terapéutica leve cuando el afectado entra en estado de coma tras intentar reanimarlo. Este tipo de «enfriamiento» favorece que el cerebro recupere su funcionamiento.

La temperatura normal de un adulto se sitúa entre los 36 y los 37,5 grados Celsius. En ese intervalo, los órganos funcionan de forma óptima, ya que los procesos metabólicos que catalizan las encimas de células humanas trabajan de una manera más eficiente. Unos grados más o menos ya desequilibran el sistema que se había ajustado con tanta precisión. Si una fiebre o una hipotermia dura más de unas horas, puede dejar secuelas en los tejidos o, incluso, causar la muerte.
Pero el enfriamiento no solo tiene efectos negativos, como demostró, entre otros, el caso de Anna Bågenholm. De manera involuntaria, esta médica de Suecia batió un récord mundial: sobrevivió a un accidente de esquí en el que su temperatura corporal descendió a menos de 14 grados. En la actualidad, trabaja como radióloga en el Hospital Universitario de Tromsø, al norte de Noruega. Los médicos del servicio de urgencias de ese mismo centro hospitalario le salvaron la vida hace ahora más de dos decenios.

En mayo de 1999, Bågenholm y dos compañeros de trabajo se trasladaron a Narvik, municipio ubicado a unos 200 kilómetros al sur de Tromsø, para esquiar. A las 18:20 horas, la joven cayó de cabeza a un río congelado que se encontraba cerca de una cascada, fuera de la pista de esquí. Aunque lo intentaron, sus acompañantes no lograron liberarla, por lo que solicitaron ayuda a través del teléfono móvil. Bågenholm aguantó 40 minutos atrapada bajo una capa de hielo, con la cabeza dentro de un espacio de aire, hasta que dejó de moverse. Poco después, su corazón cesó de latir. A una temperatura corporal normal, bastan unos pocos minutos para que la persona que ha sufrido una parada cardiorrespiratoria semejante ya no pueda ser reanimada y fallezca. Pero Bågenholm permaneció otros 40 minutos bajo el agua helada hasta que el equipo de rescate llegó al lugar.

Los reanimadores perforaron un orificio en el hielo, rescataron a la joven y, de inmediato, iniciaron el procedimiento de reanimación. Al poco, arribó un helicóptero de salvamento, en el que le proporcionaron oxígeno. A las 21:10 horas, casi tres horas después del incidente, el aparato aterrizó en el hospital de Tromsø. El corazón de la accidentada seguía parado. Tenía la piel helada y su temperatura corporal había descendido a 13,7 grados. Los médicos decidieron que no declararían el fallecimiento de la mujer hasta que su cuerpo recuperara la temperatura normal.

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