Oxitocina, una hormona muy polifacética

Se sabe que la oxitocina refuerza el vínculo entre los amantes e intensifica los cuidados parentales a los hijos, pero su función va más allá de fomentar el afecto

VILEVI / GETTY IMAGES / ISTOCK

En síntesis

la oxitocina es un neuropéptido que segregan las madres durante el parto y la lactancia. Causa la contracción del útero y de los conductos galactóforos de las mamas.

Esta hormona presenta, además, funciones sociales: refuerza el vínculo entre progenitores y descendencia y entre amantes. También hace que aumente la confianza en los demás.

Sin embargo, a diferencia de lo que se venía creyendo, la pulverización con oxitocina no vuelve a nadie más sociable; simplemente, agudiza la percepción en situaciones sociales. Por ese motivo resulta necesario que estímulos positivos se sumen a la oxitocina.

La oveja se deja hundir en la crecida hierba. Su vientre se tensa de forma rítmica bajo la fuerza de las contracciones. Aparece un pie diminuto, luego otro. A continuación, una cabeza. Un par de contracciones más y el resto del cuerpecito se desliza fuera del útero. La madre se vuelve y rasga con los dientes las membranas fetales que envuelven al recién nacido. Entonces, empieza a lamer a su cordero para limpiarlo. El masaje lingual asegura que la cría respire sin obstáculos y estimula su circulación, pero también existe otro objetivo: de esa manera, la madre aprende cómo huele su criatura. De hecho, las ovejas hembra no comparten su afecto con cualquiera, son muy selectivas. Solo dejan que se les acerquen sus crías. A las ajenas, en cambio, las ahuyentan con violentos cabezazos. De ese modo, los «ladrones de leche» no tienen ninguna posibilidad.

Esos lametazos desempeñan un importante papel en este vínculo selectivo. Durante la mayor parte de su vida, a las ovejas les resulta repulsivo el olor de los recién nacidos, pero eso cambia poco antes de que den a luz. En ese momento, se forman en el bulbo olfativo de la madre neuronas nuevas, las cuales reaccionan sobre todo al aroma del líquido amniótico. En consecuencia, de repente, el olor le resulta muy atrayente, condición necesaria para que se ponga a limpiar a la cría neonata. Además, en las horas posteriores al nacimiento, grandes cantidades de neuronas se activan solo ante el olor particular de su cordero.

Un desencadenante clave de estos cambios es el neuropéptido llamado oxitocina. Esta pequeña molécula (se compone de solo nueve aminoácidos) se produce en el hipotálamo, un importante centro de control cerebral. Gran parte de la oxitocina llega a través de la hipófisis al torrente sanguíneo, que la distribuye por todo el cuerpo. Una vez repartida, repercute en la regeneración muscular, controla la osteogénesis (formación de los huesos) o se encarga de que la madre produzca leche después del parto. Pero también existe una extensa red de vías para la oxitocina en el cerebro, formada por fibras nerviosas que parten del hipotálamo. El neuropéptido viaja a lo largo de ellas, como si se tratara de raíles, hasta varias regiones diana, donde se fija a receptores específicos y modifica el procesamiento de la información.

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