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Clichés de la Edad de Piedra

Los hombres salían a cazar mientras las mujeres aguardaban en el poblado con los niños. Por muy extendida que se encuentre esta imagen de la vida de nuestros antepasados lejanos, todo apunta a que no fue así.

AKG IMAGES (SEGÚN UNA OBRA DE WILHELM KUHNERT: CAZA DEL OSO DE LAS CAVERNAS)

En síntesis

Con frecuencia se ha infravalorado el papel de la mujer en las culturas prehistóricas. Según los historiadores de épocas pasadas, por lo común, las mujeres eran poco activas y casi no participaban en la caza.

Esta valoración sesgada se basa en informes etnográficos antiguos, los cuales escribieron, principalmente, hombres blancos europeos.

Es probable que la mujer prehistórica contribuyera de manera considerable a la subsistencia del clan: cazaba piezas pequeñas, recolectaba vegetales y pescaba.

Jura de Suabia, unos 15.000 años atrás. Hace dos días que los hombres persiguen a un ciervo. Intentan, perseverantes, acercarse al animal para darle caza. El tercer día, durante el amanecer, la ansiada presa pace en el valle ante los ojos de los cazadores. Se trata de un adulto de aspecto imponente, incluso gordo para la cercana época de celo. Los hombres se esconden tras una roca; mantienen los sentidos en alerta. Deben actuar con sigilo, pues el más pequeño movimiento en falso podría hacerles perder la espectacular pieza, la cual representa una garantía de supervivencia para su clan. Con un poco de suerte, el ungulado se moverá en dirección a donde esperan atentas las lanzas de los humanos para darle alcance.

A veinte kilómetros del lugar, se despereza la vida en el campamento. Las mujeres atizan la hoguera casi consumida por la noche anterior; cuidan a los niños y organizan juntas el día. Unas quieren ir en busca de frutos, raíces y setas por los alrededores; otras prefieren coser ropa para el invierno. La comida escasea; todas esperan que los hombres regresen pronto con la ansiada carne fresca.

La vida en la Edad de Piedra se ha representado con frecuencia de esta suerte. A veces con un mamut en lugar de un ciervo o unas mazas en vez de las lanzas. ¿Realmente fue así? La respuesta se puede dar en un monosílabo: no. Entonces, ¿de dónde surge el mito? ¿Existe alguna certeza en todo ello?

Hasta ahora, los roles sociales de ambos sexos en la época que nos ocupa parecían claros: ellos iban de caza y protegían a sus familias; ellas recolectaban bayas y hierbas y se ocupaban de los niños. En sus salidas, los integrantes masculinos del clan recorrían grandes distancias, mientras que las mujeres se quedaban en el campamento. Los hombres elaboraban armas con piedras, huesos o cuernos; las compañeras zurcían ropa con pieles. Las actividades artísticas, como pintar, también eran «cosa de hombres».

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