El horror de la Colonia Dignidad

Los miembros de una secta se someten a reglas casi increíbles; incluso renuncian a la propia identidad. ¿Cómo se alcanza ese grado de dependencia? Testigos de la vida en la Colonia Dignidad de Chile permiten reconstruir una historia que lo revela.

CORBIS / REUTERS / IVAN ALVARADO

En síntesis

El cuidador de jóvenes y predicador itinerante Paul Schäfer fundó en los años cincuenta del siglo XX una comunidad pastoral en Alemania. En 1961, acusado de abusos a menores, huyó a Chile con muchos de sus seguidores.

En tierras chilenas lideró la Colonia Dignidad, secta en la que reinaba una vida estrictamente regulada y se impedía la individualidad e independencia de sus miembros.

Las consecuencias psicológicas de la experiencia en la Colonia abruman todavía hoy a numerosas de las víctimas.

Hace algo más de medio siglo, un grupo de 350 alemanes (hombres, mujeres y niños incluidos) emigraron a Chile, donde se asentaron a unos 500 kilómetros al sur de la capital, Santiago. La comunidad se encontraba bajo el control de Paul Schäfer (1921-2010), un cuidador juvenil y predicador laico nacido en la ciudad alemana de Troisdorf, cerca de Colonia. Ya a comienzos de los años cincuenta del siglo XX había reunido en torno a sí a devotos de su movimiento de iglesia libre, entre ellos, muchos expulsados de los antiguos territorios orientales de Alemania. En 1956, la secta, con el discreto nombre de Misión Social Privada, adquirió una casa para el trabajo en común y la oración.

Schäfer admitió como miembros del grupo sobre todo a los hijos de familias de bajos ingresos, con el fin, supuestamente, de mostrarles el camino hacia Dios. Solo aceptaba a quien se consagraba por completo a la Misión y renunciaba a todo contacto externo a la comunidad. Asimismo, instigó a niños y jóvenes que se separaran de sus familiares; los padres solo podían visitar a sus hijos bajo fuertes restricciones. Se les explicó que sus vástagos también serían felices sin ellos. En algunos casos, Schäfer se las apañó para apartar a las mujeres de sus maridos, a los que tildaba de impostores.

Las separaciones familiares se acompañaron de aislamiento espacial. El líder de la comunidad hizo construir un muro en torno a la parcela de tierra e ideó escenarios religiosos del fin de los tiempos. La emigración masiva hacia Chile pocos años después de la fundación de la secta tuvo una única razón: varios padres habían denunciado a Schäfer por agresiones sexuales a sus hijos. Por miedo a la justicia alemana, Schäfer decidió escapar. De la orden de arresto contra él, solo tenían noticia sus colaboradores más cercanos; a los demás les vendió la reubicación como una misión cristiana. Muchos de sus discípulos vieron la nueva tarea con entusiasmo.

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