Ética

Consideraciones históricas sobre el comportamiento humano.

THE OXFORD HANDBOOK OF THE HISTORY OF ETHICS
Dirigido por Roger Crisp. Oxford University Press, Oxford, 2013.


La ética es la parte de la filosofía que se ocupa de la racionalidad de la conducta humana ordenada. Primer libro de referencia sobre el tema, pasa revista a la historia de la ética desde el mundo clásico hasta la actualidad, desde Homero hasta la filosofía analítica. Presenta la investigación y los progresos registrados a lo largo de los últimos 30 años, sobre escuelas, pensadores y períodos. Imprescindible para quien trabaje en el campo de la filosofía moral y de la historia de las ideas. Amén de incluir capítulos monográficos sobre cuestiones nucleares, como el libre albedrío y la autonomía.

Los poemas de Homero se cuentan entre los textos más antiguos de la literatura occidental. La Ilíada relata el final de la guerra de Troya. Tras la muerte de su amigo Patroclo, Aquiles entra en batalla y mata al troyano Héctor, deshonrando el cadáver ante su padre, Príamo. La Odisea cuenta la historia del largo viaje de vuelta a casa, tras la guerra, de otro héroe griego, Ulises, quien, luego de diversas aventuras con los cíclopes, las sirenas y demás arquetipos, llega a su palacio para castigar a los que asedian a su mujer Penélope. Se supone que esos poemas se escribieron en el siglovii u viii antes de Cristo.

Ambos poemas han adquirido una importancia central en la historia de la filosofía y, en particular, de la ética. Jenófanes, quien
murió a comienzos del siglo v a.C., escribió que todos eran deudos de Homero, fuente de inspiración, asimismo, de Platón y Aristóteles. Conceptos centrales de los poemas son el de aidós (vergüenza, respeto) y el de areté (excelencia, la mostrada en el campo de batalla). Del epos homérico emergen también las ideas de moralidad, conciencia, acción humana, responsabilidad y virtudes (arrojo y compasión).

Para acercarse al pensamiento ético de Platón hay que empezar por los diálogos que recogen las conversaciones de Sócrates. Vemos una reflexión sobre la identidad de las virtudes (aretais), sobre la unidad (si son o no una todas las virtudes), sobre la docencia (si pueden o no enseñarse las virtudes), sobre su elección (si sabemos que algo es bueno, ¿hemos de perseguir su consecución?), sobre el bienestar (si la virtud consiste en la justicia o, mejor, en el bienestar personal) y sobre el hedonismo (relación entre felicidad y placer). Del coraje trata Laques, de la moderación Cármides, de la amistad Lisis, de la belleza Hippias mayor, de la piedad Eutifrón, de la virtud Menón y de la justicia el libro primero de su República. En El Banquete, identifica el amor de la belleza con el deseo del bien. La forma platónica de representar la relación entre la Idea de Bien y los bienes particulares es análoga a la relación entre la virtud verdadera y sus imágenes. La Idea de Bien, sostiene Platón, es la causa última de la existencia de todo. El primer uso conocido de la expresión «ley de la naturaleza» lo encontramos en el Gorgias. Platón rechaza que la ética social sea una convención y apela a una ley distinta, derivada de la naturaleza. Ve en esa ley natural una fuente de principios normativos. En Las Leyes perfila esa tesis.

Aristóteles fue un autor prolífico, que compuso obras fundamentales sobre lógica, metafísica, psicología, biología, ética, política, estética y retórica. En el asunto que nos ocupa destacan Ética a Nicómaco, Política y Ética a Eudemo. Para el estagirita, la felicidad (eudaimonia) constituye el bien por excelencia y el objetivo general (telos) de la vida humana; la felicidad debe entenderse como una actividad, no como un sentimiento. Existe una jerarquía de bienes; los superiores son los que se buscan por sí mismos y se asocian con la felicidad, que depende de la actividad virtuosa. La virtud no es algo innato, ni contrario a la naturaleza. Se adquiere a través del ejercicio y del hábito; consiste en el medio entre dos extremos; definida por la razón, se guía por la prudencia o frónesis. Desarrolla la idea de una ley natural.

Epicuro, ya en pleno siglo tercero antes de Cristo, ahondó en la naturaleza del placer y su papel en la ética. Tendemos por naturaleza a buscar el placer desde el nacimiento y en él reside el motor de nuestros actos. Distinguía dos tipos de placer, el cinético y el catastemático. El placer cinético es la sensación positiva del disfrute de un acto agradable; el placer catastemático es la quietud alcanzada tras la remoción de una tensión o dolor.

El estoicismo fue una escuela filosófica organizada y sistemática en tres frentes: lógica, ética y física. Fundada en torno a 300 a.C. por Zenón (c.334-c.262). La teoría estoica fue refinándose, en particular, con las aportaciones de Crisipo (280/276-208/204 a.C.). A lo largo de los siglos, hasta nuestros días, se han producido numerosos rebrotes de su ideario, que se caracteriza por combinar el rigor moral con un anclaje firme en la naturaleza. La virtud es necesaria y suficiente para la felicidad. La teoría ética de los estoicos se convertiría en una de las doctrinas centrales de la antigüedad clásica. La corriente cínica, en cambio, fue una teoría marginal. Para uno y otro enfoque la ética debe fundarse en la naturaleza y no en convenciones sociales. Adoptar una doctrina moral entraña, en ambos, un modo de vida coherente con la misma. Tuvieron un dilatado momento de gloria, desde el siglo iii a.C. hasta en siglo segundo de nuestra era. Con una divergencia manifiesta: los cínicos presentaron sus ideas de una forma elemental, popular; los estoicos elaboraron una teoría ética sostenida por argumentos muy bien trabados.

Los cínicos se consideraban discípulos de Diógenes de Sínope (412/403-324/321 a.C.), un personaje singular, azote de la vida convencional y civilizada. A su imagen, la doctrina defendida por sus seguidores señalaba una vuelta a la naturaleza, en su sentido más radical y próximo a la animalidad.

El escepticismo moral niega la existencia de valores objetivos. Fue de la mano de un escepticismo ontológico y epistemológico, que se cuestionaban respectivamente, la realidad y nuestros métodos de conocimiento. Representante de ese movimiento fue Sexto Empírico. El sello distintivo del escepticismo era la suspensión de juicio. Discrepaban entre sí sobre el alcance de esa suspensión y las consecuencias que de ello derivaran. Hubo dos corrientes principales: la de Pirrón de Elis, o pirronismo, y la de la academia de Platón. Los pirrónicos se llamaba a sí mismos skeptikloi, «investigadores». Entre los  neoplatónicos, Plotino sostenía que el rasgo distintivo de la vida de la persona excelente residía en su autosuficiencia (autarkia).

La filosofía medieval recoge aspectos del aristotelismo, platonismo y estoicismo. Una de las corrientes más significativas, la encabezada por Tomás de Aquino, bascula sobre los conceptos de eudaimonia y ley natural. Autor de la Summa theologiae y Summa contra gentiles, Comentarios a las Sentencias de Pedro Lombardo, comentarios a las obras de Aristóteles incluido uno a la Ética a Nicómaco y muchos textos más.

Para él, la moral filosófica no se apoya en ningún fundamento sobrenatural, en ninguna verdad revelada. Fin de toda ética es enseñar a vivir una vida justa, con la guía de la recta razón. La concepción eudaimonista de la vida entiende que el hombre debe comportarse siguiendo la pauta de su naturaleza racional. En ese hábito de vida las virtudes desempeñan un papel destacado, pues inducen a obrar de una manera correcta, buena. Los vicios ejercen el efecto opuesto, toda vez que apartan al hombre de su fin ordenado. La moral tiene que ver con la valoración de una acción. Toda acción tiende a un fin, que se reputa bueno. Que algo sea bueno es condición necesaria para escogerlo, pero no es una condición suficiente. La voluntad no escoge una acción solo porque sea de suyo buena. Toda acción debe ordenarse a un fin último que es la felicidad.

Para Tomás de Aquino, la ley se ordena al bien común, promulgada por quienes tienen cuidado de la comunidad. Define la ley natural como la participación humana en el gobierno divino de la creación; por ello, la ley natural aporta una guía para una vida ajustada a razón. La corriente estoica se había aplicado ya al desarrollo de la doctrina de la ley natural (Lactancio y sus Divinae Institutiones, Cicerón en De Republica y en De legibus). Filón combinó la concepción de Platón y la de los estoicos con algunas interpretaciones de determinados elementos de la Ley Mosaica, como enunciado de los requisitos de la ley natural. Desde la óptica cristiana se venía hablando desde el comienzo de una ley universal que revelase los principios básicos de moralidad.

Tomás, Escoto y Ockham examinan la conexión entre los aspectos de la ley natural y los aspectos legales que consisten en el Decálogo. Los escolásticos posteriores (Vázquez, Hooker y Suárez) y moralistas del siglo xvii (Grotius, Hobbes, Pufendorf, Barbeyrac, Leibnioz, Locke y Cumberland) prosiguen ese debate sobre los elementos naturales y legales de la ley natural. Los hechos sobre la naturaleza humana aportan una base a partir de la cual podemos deducir conclusiones morales correctas. Unas conclusiones que no establecen simplemente nuestras preferencias, sino que son objetivamente correctas en la medida en que se deducen de hechos objetivos apropiados. El tema de la ley natural llega hasta la filosofía analítica, que la desecha en tanto en cuanto caiga en lo que Moore llamó falacia naturalista en sus Principia Ethica, publicados en 1903.

Una de las primeras víctimas del neopositivismo analítico fue, sin duda, el kantismo. La ética de Kant es deontológica. La expone en tres obras importantes: Fundamentación de la metafísica de las costumbres, Crítica de la razón práctica, Metafísica de las costumbres. Además, el libro I de La religión dentro de los límites de la mera razón es un tratado importante de psicología moral y teoría del libre albedrío. Su filosofía moral, uno de los hitos del pensamiento occidental, busca principios universales, fundados en la razón, capaces de presentar una forma de actuar válida para todos. Aunque puede describirse sin referirse a su idealismo trascendental forma parte del mismo. Y así, en cuanto componente de su filosofía crítica, su filosofía moral se propone mostrar que la ley moral es la norma básica de la razón pura aplicada a la acción. Kant distingue entre una parte empíricamente condicionada y una parte pura. La razón práctica, o voluntad, recibe de fuera propósitos y fines: impulsos, necesidades y sentimientos de placer o dolor. Porque opera siguiendo leyes externas, actúa heteronómicamente. Ahora bien, puesto que actúa enteramente por sí misma, lo hace autónomamente.

En efecto, el origen de la moral reside en la voluntad, una voluntad autónoma. Las exigencias morales no nos vienen impuestas de fuera, sino que se fundan en el principio de autonomía. Dado que los principios morales son universalmente válidos, hemos de conformarnos a una ley universal. Se trata de un imperativo categórico: actuar como si nuestra propia acción pudiera convertirse en norma universal. Un imperativo categórico que incluye tratar a las personas como fines en sí mismos, no como medios para nuestros fines.

 

Puedes obtener el artículo en...

Los boletines de Investigación y Ciencia

Elige qué contenidos quieres recibir.

Responsable: Prensa Científica, S.A. Finalidad: enviarle por correo electrónico los boletines que haya solicitado recibir. Derechos: tiene derecho a acceder, rectificar y suprimir sus datos, así como a otros derechos, como se explica en la información adicional y detallada que puede consultar en nuestra Política de Privacidad.