Viola Gielke: Al leer el artículo «Víctimas de cultos destructivos» [por Stefan Junker; Mente y Cerebro n.o 87, 2017] me llamó la atención que incluyera la iglesia nueva apostólica (INA) en el grupo de sectas peligrosas bajo la breve descripción: «Están relacionadas con la Biblia, pero profesan una interpretación propia y muy estricta». Ya que soy miembro de la INA, no puedo comprender esta clasificación. Tampoco el artículo aporta ningún fundamento ni ahonda en el tema. Por ello me gustaría sugerirles que investiguen de manera más exhaustiva a la hora de realizar sus informaciones, incluso si se trata de una «simple» enumeración. En los últimos veinte y treinta años, la INA ha experimentado algunos cambios que se han reflejado en desarrollos significativos para toda la sociedad, como más tolerancia y responsabilidad propia. Conozco los informes críticos y las experiencias personales de personas que han abandonado la INA, pero no coinciden en absoluto con mi propia experiencia. Ha existido y todavía existe un amplio espectro sobre cómo se vive, de manera conservadora o liberal, la fe en las familias. Las unidades dogmáticas de la doctrina de la fe son una cuestión de interpretación. De la misma forma, también es una cuestión de interpretación considerar la homosexualidad como un pecado, rechazar los métodos de protección sexual, practicar el marianismo, predicar sobre el purgatorio o creer en el perdón de los pecados a través de la confesión. Sin embargo, nunca se describirá a la Iglesia católica como culto destructivo.

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