El cerebro de los alumnos se sincroniza cuando están motivados

La actividad cerebral de los estudiantes de una misma clase muestra una mayor sincronización cuanto más valoran al profesor y sus enseñanzas.

Cuanto más se sincronizan los cerebros de los alumnos, mejor valoran la ­enseñanza de su profesor. [ISTOCK / SKYNESHER]

En el mundo de la enseñanza, se preconiza cada vez más el trabajo en grupo, puesto que ayuda a la motivación, a la concentración y, por idéntica razón, al aprendizaje de los alumnos, sea cual sea la materia que se imparta. Un estudio reciente revela que, además de estos logros, la actividad en equipo ejerce un efecto directo sobre el cerebro de los estudiantes.

Sócrates, en la Antigüedad, y Montaigne, en el Renacimiento, ya señalaron las virtudes de la comunicación social y del diálogo entre dos, en pequeños grupos o entre amigos, como vía para la educación. El objetivo consistía en debatir las opiniones de unos y otros, reproducir los modelos acertados e impregnarse de ellos. En el siglo pasado, el pedagogo francés Célestin Freinet (1896-1966) propuso también un novedoso método de educación que se basaba en el trabajo pedagógico en grupos pequeños de alumnos. Freinet concibió la idea del taller de imprenta en clase, con el que se facilitaba el desarrollo pleno de la personalidad del alumnado y la cooperación social entre los estudiantes: cada uno desempeñaba un papel indispensable en las diferentes etapas que conforman el proceso de impresión de un texto. Generalizó esta propuesta al mundo de la carpintería, la jardinería y la contabilidad. Hoy en día, con este mismo espíritu, podría concebirse un taller de edición digital en clase alrededor de tabletas. Pero ¿cómo se comporta el cerebro de los alumnos que trabajan juntos?

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