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  • Enero/Febrero 2018Nº 88

Lógica

Errores lógicos de la homeopatía

La homeopatía es uno de los métodos favoritos de la medicina alternativa. Sin embargo, los principales argumentos que sostienen sus partidarios son un gigante con pies de barro.

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La homeopatía está de moda en países como Alemania. Y aunque en otros ha ido perdiendo el apoyo de universidades y colegios médicos, muchas personas continúan confiando en su supuesto poder curativo. No obstante, la historia de esta terapia alternativa se asienta sobre conclusiones falsas y sesgos de pensamiento sistemáticos a los que todos sucumbimos una y otra vez. Los argumentos aparentes en favor de la homeopatía se apoyan de manera obstinada en errores de lógica. Es probable que la imagen de una curación natural y suave resulte muy atractiva, por lo que muchas personas desean creer esa promesa. A continuación, analizamos desde una perspectiva crítica los argumentos más comunes de sus partidarios.

1. Las experiencias personales no demuestran la eficacia

La homeopatía presenta dos problemas principales. Por un lado, los estudios independientes y de solidez metodológica, así como el estado actual de la investigación, indican que sus productos no poseen el efecto de un principio activo. Por otro, su planteamiento resulta reprobable desde la perspectiva de las ciencias naturales, puesto que los preparados a menudo no contienen ni principios activos. A pesar de todo, muchas personas confían en ella. El argumento más frecuente reza: «A mí me funciona». Este tipo de testimonios anecdóticos resultan psicológicamente convincentes y no necesariamente irracionales. Pero la experiencia personal no es siempre buena consejera. El organismo humano presenta una gran complejidad, por lo que el curso de una dolencia puede depender de numerosos factores, los cuales resultan casi imposibles de separar desde la propia percepción del afectado. Cuando un individuo ingiere una sustancia y constata que se siente mejor, no puede saber qué hubiese pasado en caso de no haber tomado nada o de haber consumido una pastilla sin principio activo.

A ello se añade que nuestra experiencia se ve distorsionada con frecuencia por efectos psicológicos de los que no somos conscientes. Un error destacable es el denominado sesgo de confirmación: quien posee una opinión determinada tiende a hallar pruebas que la confirman. El psicólogo social Harold H. Kelley (1921-2003) demostró cómo las opiniones repercuten sobre nuestra percepción a través de un experimento ya clásico. Pidió a dos grupos de estudiantes que valorasen a un profesor que realizaba una sustitución en el centro académico. A unos alumnos se les explicó que el docente era de trato cálido; a los otros, que era una persona más bien fría. La valoración del primer grupo de participantes fue más positiva que la del segundo, a pesar de que todos habían asistido a la misma sesión lectiva.

Un efecto de este tipo también puede suceder en los tratamientos médicos. Con frecuencia, un paciente que espera que una pastilla le ayude mejora solo por ello. Las expectativas positivas pueden facilitar, además, que se encuentren pruebas que apoyan esa efectividad. Y los pronósticos imprecisos favorecen la situación. En ocasiones, los homeópatas pronostican todo lo que puede acaecer con el tratamiento: «Una de dos, o el medicamento surte efecto de inmediato o se tarda un poco en notar la mejoría. También es posible un empeoramiento inicial. Si transcurrido un tiempo no observa cambios, es porque el medicamento no resulta efectivo en su caso, por lo que buscaríamos otra solución». De esta manera, todas las posibilidades quedan cubiertas. Una de ellas sucederá, y el paciente la podrá utilizar como verificación.

Cuando se trata de cuestiones médicas, las informaciones personales deben valorarse con cierta dosis de escepticismo. Solo los estudios sistemáticos aportan la certeza suficiente sobre el efecto de una terapia.

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