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1 de Mayo de 2019
Reseña

Cerebro social

Bases biológicas de la sociedad

Minds Make Societies
How Cognition Explains the World Humans Create
Por Pascal Boyer
Yale University Press, New Haven, 2018

El hombre es un mamífero social. Los penalistas saben que hasta los encarcelados más obstinados y endurecidos temen el confinamiento solitario. Los psiquiatras reconocen, por su parte, que un aislamiento social prolongado puede llevarnos a patologías fisiológicas y neurológicas muy dispares (depresión y cardiopatías, entre otras) e incremento de la tasa de mortalidad. Pese a ello, los expertos en política sanitaria avisan de que nos enfrentamos a una epidemia de soledad.

No es el único aspecto que está cuestionando las bases de la antropología social. Todo se ha puesto a revisión merced a los avances en paleontología, que reescriben con mayor detalle el origen africano del ser humano, en demografía y sociología, que hablan de una tendencia urbanita de los grupos humanos, o en el propio método, que ahora se pretende científico y busca en la biología las bases de una conducta que se creían dominio exclusivo de la psicología. El avance de la paleontología y de la genética devalúa los modelos recibidos sobre la evolución humana. A lo largo de los últimos 30 años, el conocimiento de precursores y primeros pasos de Homo sapiens ha experimentado un progreso muy notable. Aunque la investigación ha venido respaldando la tesis de que los humanos modernos se originaron en África hace unos 200.000 años, las conclusiones son ahora más matizadas, desentrañada la complejidad del proceso. Los últimos descubrimientos, como el de Marruecos de hace 300.000años, nos revelan que Homo sapiens se cruzó con otras especies de homininos y atestiguan una intensificación de la capacidad craneana de Homo sapiens.

Por lo que se refiere a las tendencias sociales recientes del hombre, la demografía muestra que nos estamos convirtiendo en especie urbana, alejándonos de lo que fuimos durante decenios de miles de años, una especie rural. La tendencia sigue imparable. En 1950, no llegaba a un tercio de la población el que vivía en las ciudades. Ahora lo hace más de un 50 por ciento y la proyección es que en 2050 se alcance el 70 por ciento. Cada semana, la población urbana crece en torno a 1,5 millones de personas. Se da por cierto ahora que en adelante tendremos que estudiar la ciudad como un ecosistema, si queremos unas ciudades mejores para los individuos y para el planeta. El hombre sigue, pues, evolucionando.

Por tanto, no existe razón alguna para no aplicar a su estudio el método científico, que nos ofrece una explicación precisa y exacta; exactamente igual que el resto de la naturaleza. Tal es la tesis aquí defendida por Pascal Boyer, psicólogo evolutivo y profesor Henry Luce de antropología de la Universidad de Washington en Saint Louis. Al integrar conclusiones recientes del ámbito de la biología evolutiva, la genética, la psicología, la economía y otros campos, el autor ofrece modelos sobre la implicación de los humanos en la formación y desenvolvimiento de familias, tribus y naciones.

Por su peculiar historia evolutiva, la humanidad presenta rasgos únicos entre los organismos. Aquí nos importa, sobre todo, su construcción de sociedades complejas, trabadas jerárquicamente, basadas en familias y con funciones dispares para el varón y la mujer, en donde hallamos sistemas económicos, conflictos grupales, normas morales, etcétera. La nueva perspectiva no es un momento «ajá», la revelación de una nueva teoría de la sociedad. Lo que el autor presenta aquí es una acumulación de hallazgos científicos en diversos campos de la biología evolutiva, psicología cognitiva, arqueología, antropología, economía y otros. Huye de teorías generales de la sociedad para aportar respuestas específicas a cuestiones específicas, del tenor siguiente: ¿por qué las personas desean una sociedad justa? ¿Existe una forma natural de la familia? ¿Qué determina que hombres y mujeres se comporten de manera distinta? ¿Por qué existen religiones? ¿Por qué las personas se enzarzan en rivalidades grupales?

Sea por caso la solidaridad e insolidaridad entre los humanos. La especie humana invierte una gran cantidad de energía en conflictos entre individuos y entre grupos. La frecuencia, intensidad y naturaleza de los enfrentamientos varían de un lugar a otro. Ninguna población es inmune a la rivalidad y conflicto étnico, que puede elevarse de tono hasta la guerra civil y el genocidio. Recuérdese el antagonismo racial en Estados Unidos, la historia de los pogroms en Europa, el conflicto cruel subsiguiente a la disolución de Yugoslavia, las innumerables guerras étnicas de África y su culminación en las masacres raciales de Ruanda para hacerse una idea del alcance y crueldad de tales conflictos. Tenemos nombres para esas conductas: nacionalismo y tribalismo, entre otras denominaciones, que nos hablan de una pulsión de los humanos por situarse, en el enfrentamiento, junto a su comunidad, su pueblo, su clan o su nación. Se supone que las personas nacen con cierto grado de impulso agresivo que hemos de liberar.

Pero somos también cooperadores, extraordinariamente hábiles en la formación de grupos. Ninguna otra especie hace tanto cuando suma esfuerzos. Esa tendencia al agrupamiento tiene una base evolutiva. Vivir en grupo resulta beneficioso para los individuos, razón por la cual esa inclinación ha sido seleccionada en el curso de la evolución, fenómeno que se denomina sesgo de pertenencia a un grupo, que no se limita a preferir a los miembros del grupo sobre otros, sino que redunda también en muchos aspectos del conocimiento. No recibimos de la misma manera la información que nos viene de fuera del grupo que la que viene del interior del grupo, lo que refuerza vínculos e interacciones.

Vinculado a los roles de varón y mujer, y a la función de la sexualidad, no cabe duda de que el concepto de familia está sufriendo cambios profundos en nuestra sociedad. Antes, no se ponía en cuestión la existencia de la unidad familiar, de la familia natural, como consti­tuida por los progenitores y su descendencia. Antes y ahora, los hijos demandan la asistencia de sus progenitores; cuántos progenitores se necesitan y qué tipo de asistencia es otro asunto. ¿Qué dice la ciencia de las relaciones familiares?

Importa no confundir lo natural con lo cultural. Para evitar disputas terminológicas, lo mejor es considerar la forma en que la selección natural privilegió tendencias y capacidades. El énfasis puesto en el parentesco como principio de organización, que se manifiesta con nitidez en las sociedades tribales, que se componen de diferentes clanes o linajes originados a partir de un antepasado común. El tipo más frecuente es el sistema patrilineal, en el que la progenie pertenece al grupo del padre o de los hermanos del padre, mientras que la madre y sus parientes constituyen otro grupo. Estos sistemas patrilineales van acompañados a menudo de residencia patrilocal, la forma más común de organización social. Hay otros sistemas más complejos, como los sistemas bilaterales, donde cada individuo pertenece a los dos grupos. Estas personas no tienen familia, pero el parentesco organiza su existencia. Desde los recolectores hasta las civilizaciones agrarias e imperios, pasando por sociedades de pequeños agrícolas, los humanos vivieron en un mundo social organizado en torno a lazos de parentesco.

A lo largo de los dos últimos millones de años, el linaje humano ha cambiado en su forma de gestionar la reproducción, el cuidado de la progenie y los grupos sociales. El desarrollo gradual de la caza tuvo un impacto enorme en la evolución humana, por cuanto aportaba acceso a una mejor nutrición, produciendo no solo más calorías, sino también lípidos y proteínas, que abundan menos en los vegetales. El acceso a una dieta más rica permitió la evolución de un cerebro mayor, con mayores capacidades cognitivas, de suerte que el tamaño del cerebro de Homo habilis se dobló en Homo sapiens. La nutrición es importante, porque el cerebro es el mayor consumidor de energía. Y evolucionó porque del mismo depende la gestión de las relaciones sociales. Al disponer de un cerebro más complejo, podían trabar relaciones sociales y de colaboración con otros, permitiendo una cooperación más eficiente. Ese hito evolutivo se combinó con la emergencia de parejas estables, una estrecha alianza entre varón y mujer comprometidos en la reproducción y el cuidado de la prole. En todas las sociedades humanas encontramos tales lazos estables entre parejas con exclusividad sexual, inversión conjunta en la crianza de los hijos, cooperación de los recursos. Ese ha sido el curso evolutivo, lo que dicta la biología. Otra cosa es la consideración cultural, dependiente de la ideología.

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