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1 de Mayo de 2019
Neuropsicología

El hombre que ya no sabía calcular

Tras un accidente de tráfico, el paciente N. pierde la capacidad de sumar. Pero todavía sabe estimar cantidades. ¿Cómo es posible?

Getty Images / DNY59 / iStock

En síntesis

Como consecuencia de un accidente de tráfico, el paciente N. sufre lesiones en las áreas cerebrales responsables del lenguaje.

En esas áreas se halla, además, la capacidad de manejar símbolos, en particular, los números. Sin ellas, resulta imposible efectuar cálculos exactos.

Otro sistema cerebral se encarga de evaluar las cantidades. Gracias a su actividad, el señor N. todavía puede manejar mentalmente los números, aunque de forma aproximada.

Esta historia empieza con un suceso trágico, de esos que rompen el curso de una vida. Un mal día, el señor N., un agente de seguros de 40 años, sufre un accidente de tráfico mientras conduce en dirección a su casa. Se golpea el lado izquierdo de la cabeza contra el parabrisas y pierde la consciencia. En el hospital, los cirujanos drenan el hematoma que oprime su hemisferio izquierdo. Pero, desgraciadamente, por debajo de ese hematoma, el cerebro sufre un daño irreversible. Se producen secuelas importantes: pierde parcialmente la movilidad de la mitad derecha del cuerpo y deja de ver la parte derecha de su campo visual. Además, presenta dificultades para hablar, escribir, comprender las palabras y leer. Como en la inmensa mayoría de las personas diestras, los mecanismos del lenguaje del señor N. residen en su hemisferio cerebral izquierdo, por lo que la lesión cerebral le causa una afasia, es decir, una pérdida de la capacidad de producir o comprender el lenguaje.

Conocí al señor N. tres años después del accidente. Acudió al hospital para hacerse una revisión. En esas fechas, me encontraba investigando, junto con el neurocietífico Stanislas Dehaene, los mecanismos psicológicos y cerebrales de la capacidad de calcular, ya que considerábamos que los números ofrecen una vía simplificada del lenguaje. De hecho, implican un vocabulario (1, 2, 3, 7, etcétera), un significado (10 representa una cantidad un poco más alta que 9) y unas reglas de combinación (por ejemplo, (10+2)×3=36), pero de una manera menos compleja que en el caso del lenguaje.

Los descubrimientos científicos surgen, a menudo, del encuentro entre mentes preparadas y fenómenos, en apariencia, inexplicables. Los resultados de la exploración de este paciente eran, cuando menos, curiosos. Al parecer, manejaba los números mejor de lo que esperábamos a tenor del grado de afasia que presentaba. Escribía cifras al dictado, aunque era incapaz de repetirlas con palabras. Por ejemplo, le dictábamos «7, 42, 193, 1865» y escribía «7, 43, 198, 1985». La respuesta era casi perfecta, muy cerca de ser exacta. Intrigados por ese hecho, investigamos de forma más detallada la capacidad de este paciente para utilizar los números.

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