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1 de Mayo de 2019
Psicología

Neuropsicología, entre la mente y el cerebro

Los neuropsicólogos investigan las capacidades humanas que se encuentran alteradas en las personas con daño cerebral y desarrollan terapias para mejorar su bienestar y calidad de vida.

Después de una lesión bilateral en el lóbulo temporal, la paciente D. F. dejó de reconocer objetos. En cambio, las personas con ataxia óptica, que presentan una lesión en la vía dorsal, no consiguen utilizar de manera correcta los objetos. A partir de estas observaciones, los neuro­psicólogos desarrollaron el modelo de las dos vías de la percepción visual. [Yousun Koh]

En síntesis

Los neuropsicólogos exploran y tratan pacientes con enfermedades neurológicas o psiquiátricas, como las agnosias, las demencias y las depresiones.

A través de pruebas estandarizadas evalúan si el paciente presenta alteraciones en las funciones cognitivas superiores, entre ellas, el habla, la inteligencia, la percepción y la memoria.

Con frecuencia, casos aislados revelan numerosos datos sobre la forma de funcionar del cerebro sano. Sobre esa base, los neuropsicólogos desarrollan tratamientos con los que rehabilitan, o al menos palian, las consecuencias de las lesiones cerebrales.

Por contradictorio que parezca, los pacientes con lesiones cerebrales proporcionan a los neuropsicólogos información de gran valor sobre cómo funciona el cerebro en condiciones normales. Si conocen el lugar donde se ha producido el daño y basándose en los síntomas que presentan los afectados, pueden deducir las funciones que las estructuras cerebrales dañadas desempeñan en condiciones normales.

Así, las principales cuestiones que se plantean los neuropsicologos clínicos son dos: ¿cómo funciona el cerebro? ¿De qué modo puede utilizarse este conocimiento para ayudar a las personas con una lesión cerebral adquirida o congénita?

La neuropsicología clínica es una parte relativamente moderna de la psicología. Quien indague sus raíces se topará con una trama de disciplinas que forman parte de la medicina, la neuroanatomía, la psicología y la psiquiatría. El médico Thomas Willis (1621-1675), pionero en la investigación neuroanatómica, aportó una contribución decisiva para perfilar la neuro­psicología. En 1664 propuso la teoría según la cual las diferentes estructuras del cerebro (que ya habían descrito anteriormente los anatomistas) permiten delimitar también sus distintas funciones. A lo largo de varios siglos, las afirmaciones de Willis desencadenaron ardientes debates entre los especialistas. Gracias a las investigaciones con animales y a estudios en personas sanas y pacientes con lesiones cerebrales, así como a las técnicas de neuroimagen, hoy se sabe que el cerebro funciona de forma especializada. Así, si movemos nuestro brazo se activan unas áreas cerebrales distintas a las que se ponen en marcha cuando leemos un texto.

El caso de la paciente D. F. ilustra el modo en que las investigaciones en pacientes neurológicos amplían los conocimientos del funcionamiento normal del cerebro. Hoy en día, los investigadores nos ofrecen muchos de­talles sobre cómo percibimos visualmente los objetos. D. F., una mujer de 47 años, sufrió una grave intoxicación por monóxido de carbono. Una vez despertó del coma, no podía reconocer objetos, como el vaso de agua que se hallaba sobre la mesita de noche o el bolígrafo del médico. Parecía como si, para ella, las diversas líneas y ángulos dejaran de formar figuras coherentes. Cuando los investigadores le pidieron que reprodujera la imagen de una manzana, no fue capaz. En cambio, de memoria sí lograba dibujar los objetos. Ello demostraba que todavía comprendía conceptos como «manzana».

Aunque D. F. se equivocaba al estimar el tamaño de las cosas, cuando los neuropsicólogos le pedían que tomase un dado con la mano, movía correctamente la extremidad y ajustaba la disposición de los dedos al tamaño de la pieza. Por lo demás, tenía pocas dificultades para utilizar de manera adecuada los objetos (podía beber de un vaso o abrir una puerta).

Pero existen personas a las que después de una lesión cerebral les ocurre lo contrario: pueden reconocer que el objeto cilíndrico es un vaso, pero cuando tratan de utilizarlo, es decir, de aplicar informaciones visuales para dirigir sus movimientos, manifiestan problemas. Sobre todo si los elementos se encuentran en los límites de su campo visual. Los especialistas hablan en esos casos de ataxia óptica. El cuadro clínico de D. F. se conoce, en cambio, como agnosia.

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