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1 de Mayo de 2019
Autismo

Psiquiatría infantil en tiempos de eugenesia

Asperger y el autismo

Asperger’s Children
The Origins of Autism in Nazi Vienna
Por Edith Sheffer
W. W. Norton & Company, New York, 2018

Al acometer el estudio del autismo, partimos del conocimiento de que las interacciones prosociales positivas contribuyen al desarrollo y mantenimiento de conductas adaptativas y cooperadoras. Por el contrario, las interacciones sociales anormales son síntomas debilitantes en diversas enfermedades psiquiátricas graves, en especial, en el trastorno del espectro autista (TEA). La disfunción en las interacciones prosociales constituye, sin duda, el síntoma nuclear del TEA. Pero ignoramos los mecanismos neurales precisos que subyacen bajo la sociabilidad, lo que impide el desarrollo de terapias racionales para tratar tales déficits, aunque esa situación podría comenzar a cambiar. Se están realizando investigaciones experimentales que atribuyen un papel central a la modulación de la liberación de serotonina.

El trastorno del espectro autista, sostiene la ciencia, es en muy alta medida hereditario. Lo que no significa minusvalorar la aportación de los factores ambientales que perturban el neurodesarrollo. Algunos casos del TEA son formas sindrómicas causadas por anomalías cromosómicas o por mutaciones de un solo gen, formas que a menudo se caracterizan por discapacidad intelectual, epilepsia y dismorfología craneofacial. La mayoría de los casos, sin embargo, son idiopáticos, con muchos genes implicados. ¿Cómo hemos llegado a ese estado de conocimientos?

El término autismo fue introducido en 1911 por Eugen Bleuler. Cobró carta de naturaleza en la cultura contemporánea en 1981, cuando Lorna Wing emprendió el estudio de la obra de Hans Asperger (1906-1980) y su tesis sobre los comportamientos autistas de los niños, aparecida en 1944. En 1938, en el transcurso de una conferencia, Asperger llamó psicópatas autistas a los niños con determinadas carencias mentales, cinco años antes de que apareciera el artículo de Leo Kanner, el cual se considera el origen del concepto moderno de autismo. En palabras de Erwin Schrödinger, Kanner pensó lo que nadie había pensado sobre lo que todo el mundo ve. Wing acuñó la expresión «síndrome de Asperger» para designar la psicopatía autista. A mediados de los noventa del siglo pasado, había adquirido estatuto de condición patológica. Detrás del epónimo había un psiquiatra austríaco hoy controvertido.

Nacido en Viena, en cuya universidad estudió medicina, se formó profesionalmente en el Servicio de Vigilancia Terapéutica (Heilpädagogisch Station), centro que había fundado en 1911 Erwin Lazar, y alcanzó renombre internacional bajo la dirección de Clemens von Pirquet (1874-1929). Pertenecía a la Clínica Pediátrica de la Universidad de Viena. Lazar consideraba la pedagogía terapéutica (Heilpädagogik)descendiente directa de la psiquiatría, aunque las enfermedades psiquiátricas clásicas, como las psicosis, no solían diagnosticarse en los niños. Para él se trataba de psicopatías o desequilibrios mentales. Los niños se enviaban a instituciones asistenciales, a la policía o al juzgado. Con Lazar, la pedagogía terapéutica se inspiró en la biología criminal de Cesare Lombroso, los tipos constitucionales de Ernst Kretschmer y el psicoanálisis de Sigmund Freud.

Asperger entró en la Clínica Pediátrica en mayo de 1931, con Franz Hamburger (1874-1954), el sucesor de Pirquet. En 1935, se hizo cargo del Servicio de Vigilancia, pese a no haber obtenido todavía el doctorado. La pla­za le correspondía, por méritos, a George Frankl, nueve­ años mayor y activo allí desde 1927, pero era judío. Dos años después de la promoción de Asperger, Frankl emigró a Estados Unidos, donde entró a trabajar con Leo Kanner en la Universidad Johns Hopkins. Otro empleado judío altamente cualificado fue la psicóloga Anni Weiss (1887-1991), quien más tarde se casó con Frankl. Abandonó Austria en 1935. Viena se había vuelto irrespirable para los médicos judíos. Asperger logró sobrevivir al nazismo y crearse una aureola de resistente opositor y contrario a la medicina racista que esa ideología impulsaba, ayudado por el creciente reconocimiento del síndrome. Pero su fama comenzó a declinar en 2016 con el libro de John Donvan y Caren Zucker, In a different key: The story of autism.

Se abrieron archivos y apareció un Asperger menos heroico y más contradictorio. En esa corriente desmitificadora se inscribe Asperger´s children: The origins of autism in nazi Vienna, deEdith Sheffer. La tesis propuesta puede sintetizarse en la recuperación del informe de Asperger sobre la niña Herta Schreiber. El 27 de junio de 1941, dos meses antes de su tercer aniversario, la niña fue examinada por Asperger; había sufrido difteria y meningitis, dejándola con una discapacidad grave. La menor de nueve hermanos mostraba signos de trastorno de personalidad y retraso motor graves, además de idiocia y convulsiones. En su informe sobre Herta, agregaba que la pequeña constituiría una carga insoportable para la madre, que debía cuidarse de cinco niños sanos y, por tanto, era absolutamente necesario su internamiento permanente en Spiegelgrund, un hospicio de enfermos mentales en los arrabales de Viena. El director médico de Spiegelgrund, Erwin Jekelius, antiguo colega de Asperger en la Clínica Universitaria, notificó, el ocho de agosto, la situación de Herta al Comité del Reich de Registro Científico de Enfermedades Hereditarias y Congénitas Graves, la organización secreta responsable de la eutanasia. En el escrito enviado a Berlín, Jekelius señalaba que Herta no tenía posibilidad de recuperarse, pero que su condición no limitaba su esperanza de vida, una combinación inaceptable a ojos de los expertos en eutanasia. El dos de septiembre, un día después de su tercer aniversario, murió de neumonía, la causa de fallecimiento más común en Spiegelgrund, inducida por administración de barbitúricos durante un período largo de tiempo. Allí, los nazis habrían de matar unos 800 niños entre 1940 y 1945.

El caso revela la contradicción que vivió Asperger. Por un lado, él declaraba que a los pequeños con discapacidad mental había que prestarles el mejor cuidado disponible, sin explicitar, por otro, qué hacer ante casos irrecuperables, a los que envía al centro de eutanasia. Y contrasta con su responsabilidad en la clasificación de los niños, a los que no duda en mandar a ese centro para su eliminación. A diferencia de los millones que murieron en las cámaras de gas, los asesinatos de niños en Spiegelgrund eran prolongados e íntimos. Los médicos examinaban personalmente a los niños que condenaban. Las enfermeras los alimentaban y les cambiaban la ropa. La muerte se producía lenta y dolorosamente. Los niños morían de hambre o por sobredosis de barbitúricos.

Pudo Asperger medrar porque había abandonado su militancia en círculos confesionales y la asociación Lukas Guild de médicos católicos para contemporizar con las tesis nazis, lo que acabó con las posibles reticencias de las autoridades académicas. De esta manera logró en 1943 la habilitación que lo facultaba para entrar en el claustro universitario. Para la doctrina nazi, la medicina debía basarse en la ciencia y en la ideología del nacionalsocialismo. Sus tesis sobre los psicópatas autistas tuvieron, pues, que pasar el filtro de la liga de profesores nacionalsocialistas alemanes (nationalsozia­listicher Deutscher Dozentenbund), que no puso objeción alguna.

Pasó en la Werhmacht («Fuerza de Defensa») los dos últimos años de la guerra. Fue destinado a Croacia en diciembre de 1943. Tras la capitulación, Asperger volvió a la Clínica Pediátrica de la Universidad de Viena. Al no estar afiliado al partido nacionalsocialista no vio interrumpida su actividad académica. De hecho, de julio de 1946 a mayo de 1949 fue director provisional de la clínica pediátrica. En 1957 se trasladó a Innsbruck para dirigir la clínica pediátrica universitaria hasta 1962, cuando fue designado formalmente catedrático de la Clínica Pediátrica de Viena, el cargo más prestigioso de la pediatría austríaca.

Aunque Asperger publicó al menos una docena de ensayos durante el período nazi, la atención ha recaído sobre todo en dos: El niño mentalmente anormal, de 1938 y Psicópatas autistas en la infancia, de 1944.En numerosas ocasiones defiende allí postulados de la medicina e higiene racional nazis, contribuyendo a su legitimación. El trabajo de 1938 comienza con una loa al Reich, en la que se lee que el todo es más que las partes, que el pueblo es más importante que los individuos; defiende la salud hereditaria, eufemismo de esterilización de los discapacitados, en cuya labor los médicos, dice, tienen que participar. Y ofrece el retrato del prototipo de niño autista: intelectualmente por debajo de la media, debilidad mental, que se conjuga con un mayor desarrollo de la parte instintiva o inteligencia práctica. En su trabajo de 1944, Asperger reiteró su creencia en que las posibilidades de desarrollo mental de todo individuo se encontraban primariamente determinadas por la constitución genética. Los estados psicopatológicos se anclaban en la constitución humana y eran heredables. Pero reconocía, lo que ha servido en su descargo posteriormente, que los individuos con discapacidad tenían un lugar en la comunidad social, con unas habilidades que quizá no posean otros.

No abandonó su determinismo genético de la enfermedad mental. En 1952 publicó Psicopatología de adolescentes criminales, manual donde distinguía tres grupos de niños con defectos constitucionales u orgánicos como propensos a cometer crímenes: el tipo de los «inestables» o «desorganizados», el tipo de los que sufren lesión cerebral inducida por encefalitis y el tipo autista, con trastorno de los instintos, en particular los que poseen una inteligencia normal o por encima de la media. Pese a su énfasis en la herencia, omitiría cualquier alusión a la eugenesia. Si bien, para él, una inferioridad general heredada del sistema nervioso constituía la base etiológica común de la mayoría de los trastornos en la infancia. En algunos pasajes, ello se vinculaba a los estigmas degenerativos, unas anomalías corporales que reflejarían una constitución degenerativa de sus pacientes.

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