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1 de Mayo de 2019
Psicología social

Turismo oscuro: viaje al horror

Auschwitz, Verdún, la Zona Cero. En la lista de destinos turísticos no solo aparecen lugares de ocio o descanso. Encontramos también escenarios de genocidio, guerra y catástrofes naturales. ¿Por qué atraen tanto los sitios marcados por la muerte, el dolor y la tragedia?

El campo de concentración de Auschwitz, del mismo modo que la Zona Cero en Nueva York, es uno de los lugares conmemorativos más visitados. [Getty Images / martin-dm / iStock]

En síntesis

El turismo oscuro, negro o mórbido, describe las experiencias turísticas que tienen como atractivo escenarios relacionados con la muerte, el sufrimiento, los desastres o la violencia.

Entre los motivos más habituales para visitar estos lugares se encuentran aprender historia, reflexionar sobre preguntas existenciales o recordar el propio pasado.

Aunque a algunas personas les mueve la curiosidad mórbida o la conducta de voyeurismo, estos suelen ser casos contados.

Un hotel lujoso a pocos metros de la playa, con un sol radiante y a los pies de un mar cristalino. Así se imaginan muchas personas las vacaciones perfectas. Otras, en cambio, planean visitar lugares marcados por la muerte, las catástrofes, el sufrimiento, la violencia y las vivencias terribles. Los campos de concentración de Auschwitz o Buchenwald, el reactor atómico de Chernóbil o el campo de batalla de Verdún son algunos de esos destinos. Los expertos denominan este tipo de experiencias «turismo oscuro». Existen otros términos, como «turismo negro», «turismo mórbido» o «turismo de tristeza», pero son menos usuales. Ahora bien, ¿por qué algunas personas deciden visitar lugares que recuerdan sufrimiento y muerte? ¿Lo hacen por curiosidad, por ganas de pasar miedo o sin pensar realmente en ello? ¿O es posible que exista algo más detrás?

Peter Hohenhaus es un experimentado «turista oscuro». Su página en Internet dark-tourism.com reúne información de más de 700 destinos «oscuros» de 90 países del mundo. Él ha visitado muchos de ellos. Entre estos se cuentan los «campos de la muerte» de los Jemeres rojos en Camboya, la zona de exclusión alrededor de los reactores de Chernóbil, y Ruanda, país en el que miembros de la mayoría Hutu asesinaron a tres cuartas partes de la minoría Tutsi y a Hutus moderados. Fue en 1994. Se estima que en ese genocidio murieron hasta un millón de personas. Calaveras aplastadas y montones de ropa empapada de sangre recuerdan el horror al visitante. «Los monumentos conmemorativos son muy dramáticos», explica Hohenhaus. La idea de que alguien acuda a estos lugares con la intención de experimentar horror le parece absurda, e incluso ofensiva para los turistas.

En el caso de Hohenhaus, la explicación de su interés por el turismo oscuro se arraiga en su biografía. Nació en 1963 en una familia de desplazados. De niño visitó con sus padres los vestigios de la Segunda Guerra Mundial en el puerto de Hamburgo, y a los 11 años se plantó ante el muro de Berlín y viajó por las estaciones fantasma de la ciudad dividida. Los lugares relacionados con la Guerra Fría son los que todavía hoy le atraen más. La necesidad de «ampliar los propios horizontes» continúa alimentando ese interés por lugares «auténticos».

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