Tras los bastidores de la mente

La neuropsicología es una disciplina de breve historia y larga prehistoria. Desde hace siglos, el hombre se ha esforzado por localizar lo mental en lo corporal. Pero sólo en fecha reciente hemos comenzado a ahondar en el conocimiento del cerebro.
¿De dónde sabemos nosotros que pensamos con la cabeza y no, por ejemplo, con el diafragma, con el corazón o con... la rodilla izquierda? Vaya pregunta absurda, dirá el lector. ¿Absurda? ¿Cómo podemos estar tan seguros de lo primero? Cierto, podemos herirnos la rodilla y --aunque sintamos dolor-- no sentir merma en nuestras facultades mentales. Aunque es verdad que el diafragma o el corazón pueden condicionar la sensación subjetiva, ¿nos atreveríamos a considerarlos refugio de la mente? En cualquier caso, con la sola reflexión no podemos dar cumplida respuesta a la pregunta.
Desde siempre, el hombre ha experimentado el apremio de situar los fenómenos mentales --todas las impresiones sensoriales, recuerdos, deseos, pensamientos y sensaciones (aun cuando las atribuya a un poder divino)-- en algún lugar del cuerpo. En la búsqueda de la sede del alma pusieron su afán filósofos e investigadores durante milenios. Sólo muy tardíamente se reparó en el cerebro.

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