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1 de Enero de 2006
Alimentación

Terapia de los trastornos alimentarios

Las personas que se sienten privadas de atención y cariño buscan en la comida o el hambre patológicos una vía de escape.

La obsesión por la delgadez también afecta a los hombres. Entre otros motivos, por la presión social de tener el peso «ideal» y una percepción distorsionada de la propia imagen corporal. [ISTOCK / TOMAZL]

En síntesis

Las personas con un trastorno alimentario, como la anorexia y la bulimia, presentan una percepción falsa de su imagen corporal. El ideal de belleza contemporáneo agrava el problema.

Los afectados también sufren ideas negativas de sí mismos motivadas por abandono emocional en la infancia, sentimientos de inseguridad o una autoexigencia exagerada, entre otros.

El tratamiento de estos trastornos cubre los síntomas somáticos y psíquicos. Puede aplicarse desde diferentes perspectivas: terapia de la Gestalt, psicoanálisis, terapia sistémica o conductual.

Ante el espejo todas son iguales, guapas y delgadas. Sin embargo, ellas se ven de otra manera. Ordenadas en fila, en bañador, hablan de problemas imaginarios: muslos que se les antojan gruesos y rechonchos o un cuerpo que creen desesperadamente informe y plano. A Silja Vocks, directora de un grupo de imagen corporal de Bochum, le aguarda un trabajo duro con estas muchachas. El programa Educación contra el delirio de la delgadez, un proyecto conjunto de las universidades de Bochum y Maguncia, les ayuda a recuperar la autoestima y a despejar la mente de su obsesión por el recuento de las calorías.

La afluencia constante a este tipo de cursos refleja un fenómeno observado desde hace algún tiempo: el número de personas con trastornos alimentarios no cesa de crecer. Ciñéndonos al caso alemán, según el Centro Federal de Educación Sanitaria, en el año 2000 había cerca de 500.000 mujeres con trastornos alimentarios y alrededor de 70.000 varones. Había además en torno a 100.000 mujeres, en su mayoría de entre 15 y 25 años, obsesionadas por la delgadez. Estas cifras se basan en estimaciones, puesto que la enfermedad suele ocultarse. La vergüenza y la escasa autoestima atrapa a las personas afectadas en un círculo vicioso de patología y secretismo.

Ascetismo y éxtasis

Anja, una estudiante de Colonia, comenzó su tortura de hambre a los 14 años. Hoy, tras 10 años de enfermedad y varias estancias hospitalarias, incluso en el servicio de psiquiatría infantil y juvenil de Essen, parece por fin haber dado el salto. Su caso es bastante típico de la obsesión por la delgadez (anorexia nerviosa), que afecta, en un 95por ciento de las ocasiones, a mujeres jóvenes. Hasta una manzana puede resultar pesada para el programa riguroso de ayuno de las personas con anorexia; las golosinas, ricas en calorías, les producen una angustia real. Ayunan durante gran parte del día, practican deporte en exceso y, pese a todo, siguen encontrándose muy gordas, aun cuando bajo su piel solo se dibujen los huesos. Además, algunos anoréxicos disfrutan cocinando para los otros e idean artimañas para deshacerse de su propia ración sin que nadie se dé cuenta.

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