Cerebros en la misma onda

El análisis de la actividad cerebral de personas que interactúan en el escáner cerebral revela por qué conectamos con algunos congéneres de inmediato mientras que con otros mantenemos las distancias.

En el Instituto Central de Salud Mental de Mannheim, los investigadores indagan las relaciones sociales mediante dos escáneres cerebrales conectados en red. [Florian Merdes]

En síntesis

Mediante un hiperescáner, los neurocientíficos miden de manera simultánea la actividad cerebral de varias personas que interactúan entre sí. Han descubierto que las señales cerebrales de esas personas suelen sincronizarse.

El grado de este acoplamiento neuronal revela información sobre la calidad de la relación, el éxito de una colaboración o de los procesos de aprendizaje, así como sobre el propio sujeto. El acoplamiento que alcanzan las personas con un trastorno límite de la personalidad es peor.

En un futuro, los científicos prevén emplear los datos del hiperescaneo como biomarcadores para evaluar el apego entre padres e hijos o mejorar las psicoterapias. Esperan entrenar la capacidad de «conectarse» con la otra persona y aumentar así las habilidades sociales de los pacientes.

A veces se tiene suerte. Se conoce a alguien, ya sea un nuevo compañero de trabajo o a la futura suegra, y desde el principio se establece una buena relación. En seguida surge una «buena conexión» entre ambos y se comparte «la misma onda».

Junto con otros investigadores del Instituto Central de Salud Mental de Mannheim, estudiamos cómo se crea el sentimiento y qué sucede en el cerebro de las personas cuando entran en contacto entre sí, por ejemplo, cuando conversan o llevan a cabo una tarea juntos. Para ello empleamos una técnica denominada hiperescáner, que registra de manera simultánea los datos de neuroimagen de varios participantes[véase «Hiperescáner: neurología de la interacción social», por Manuela Lenzen; Mente y Cerebro, n.o 68, 2014]. De esta manera, se puede medir y comparar la actividad cerebral de las personas mientras interactúan entre sí.

El objetivo de todos los estudios con hiperescáner radica en observar el cerebro durante contactos lo más habituales posibles y observar lo que ocurre entre los participantes. A veces tiene lugar una simple conversación; en otras ocasiones se les pide que cooperen para resolver juntos una tarea difícil.

En el Instituto Central de Salud Mental de Mannheim se encuentra uno de los primeros laboratorios de hiperescaneo de Alemania, con varios tomógrafos de resonancia magnética en un solo lugar. Allí, los voluntarios pueden reunirse antes de la medición y verse durante la tarea en el escáner cerebral en todo momento a través de cámaras. La transmisión se lleva a cabo en tiempo real mediante cable de fibra óptica con el fin de que la experiencia resulte lo más cercana a la vida real. También se pueden utilizar otros métodos de neuroimagen para el hiperescaneo, entre ellos, la espectroscopia funcional de infrarrojo cercano (fNIRS, por sus siglas en inglés), que emplea la permeabilidad a la luz del tejido cerebral para determinar la saturación de oxígeno y, por tanto, la actividad cerebral. Cada método presenta ventajas e inconvenientes. Por ejemplo, en la espectroscopia funcional de infrarrojo cercano los participantes pueden moverse; además, la técnica resulta más económica y menos laboriosa que la tomografía por resonancia magnética funcional y ofrece una buena resolución temporal. Pero no es posible localizar el lugar exacto en el que se origina una señal cerebral. En todos los procedimientos es importante que puedan medirse simultáneamente la actividad cerebral de dos o más participantes y que las instalaciones permitan el contacto de alguna forma.

Pero ¿por qué efectúan los investigadores tales experimentaciones? Imagine usted que le muestran la caricatura de una amiga o un amigo. ¿Qué le sugeriría? ¿Qué pensamientos y sensaciones le generaría una fotografía o incluso una secuencia de vídeo en lugar de ese dibujo? Su reacción será diferente. Por tanto, debemos asumir que en un contacto real, el cerebro responderá de otra forma que si se contempla una foto, puesto que en un encuentro directo se interactúa con otra persona. Ello significa que la reacción del otro (si nos ofrece una sonrisa, por ejemplo) influye en lo que pensamos, sentimos y hacemos. Del mismo modo, nuestro comportamiento influye en el otro, en lo que hace, piensa y siente. En palabras de los psicólogos, se trata de la reciprocidad de la interacción.

En uno de los primeros experimentos de hiperescaneo, llevado a cabo en la Universidad de Emory en Atlanta, se pidió a dos participantes que se transfirieran dinero entre sí. Tenían que confiar el uno en el otro, pues un compañero de juego podía quedarse con el dinero en cualquier momento. Los científicos del equipo dirigido por Read Montague registraron la actividad cerebral de ambas personas de forma simultánea. De ese modo, observaron lo que sucedía a nivel neurobiológico cuando se establecía una relación entre dos personas. Descubrieron señales en el cerebro de los participantes que revelaban el desarrollo de la confianza. Estas señales se encontraban relacionadas con la actividad cerebral del compañero de juego, así como con la cantidad económica. Lo sorprendente fue que las señales de uno de los cerebros predecían la conducta del otro participante. ¿Cómo era posible?

Puedes obtener el artículo en...

¿Tienes acceso a la revista?

Los boletines de Investigación y Ciencia

Elige qué contenidos quieres recibir.