Perdonar y olvidar, ¿pero cómo?

El «perdón emocional» ayuda a distanciarse de la experiencia negativa vivida y a adoptar una actitud conciliadora.

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Pensar en las situaciones en las que otras personas nos han ofendido o dañado puede pesarnos incluso mucho tiempo después de que sucedieran los hechos. Por tanto, más de uno desea simplemente poder olvidar el percance. ¿Perdonar al culpable la ofensa ayuda a ello? En caso afirmativo, ¿cuál es la mejor manera de conseguirlo?

Con el objetivo de averiguarlo, los psicólogos Saima Noreen, de la Universidad De Montfort, y Malcolm MacLeod, de la Universidad de Stirling, se han centrado en investigar las diferencias entre el perdón «planeado» (decisional) y el perdón «emocional». Por el primero entienden una decisión racional de enterrar el hacha de guerra, incluso cuando todavía se guarda rencor. Por el contrario, en el perdón a nivel emocional, los sentimientos negativos hacia la otra ­persona se transforman en bene­volencia.

En diversos estudios, un total de casi 800 participantes tuvieron que pensar en situaciones reales o ficticias en las que otros se portaban mal con ellos. Tras ello, debían aprenderse listados de palabras que les recordaba el suceso o que no tenían nada que ver con él. Finalmente, algunos voluntarios tenían que intentar olvidar a posta las palabras memorizadas; otros, no.

Las condiciones del experimento se diferenciaban en si a los participantes se les exigía olvidar el agravio y la manera de hacerlo. En el caso del perdón planificado, debían proponerse no guardarle rencor a la persona que les había perjudicado y tratarla como una amiga en el futuro. En el perdón emocional se les instó a desearle lo mejor a esa persona y sentir compasión por ella.

Se demostró que quien debía perdonar a nivel emocional olvidaba con mayor facilidad los recuerdos de la situación (en este caso, palabras relacionadas con ella). Estos participantes, al final del experimento, podían acordarse de menos vocablos de la lista de palabras que aquellos a los que se animó a proceder de forma racional o que no recibieron ninguna indicación concreta.

Los voluntarios emocionalmente conciliadores se habían distanciado más del acontecimiento en cuestión, señalan los investigadores. De esta manera, tenían una perspectiva más abstracta, lo cual facilitaba el perdón. Este hallazgo podría tener una utilidad terapéutica: quien esté dispuesto a dejar atrás el recuerdo de una experiencia perturbadora y, por tanto, quiera perdonar, debería emplear una conciliación emocional.

Fuente: Journal of Experimental Psychology: Learning, Memory, and Cognition, 10.1037/xlm0000948, 2021

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