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Derecho a la ­asistencia sexual

Mientras que en países como Alemania y Holanda la figura laboral del asistente sexual
se encuentra en vías de ser legalizada, en España se desconoce o rechaza.

FUENTE: PELÍCULA DOCUMENTAL YES, WE FUCK!. DIRIGIDA POR ANTONIO CENTENO Y RAÚL DE LA MORENA, 2015.

Aunque la sexualidad es una de las expresiones de comunicación y de encuentro con uno mismo y con el otro más humanas, en las personas con diversidad funcional (término que preferimos al de «discapacidad») no siempre resulta fácil. La cuestión se complica todavía más, si cabe, cuando se trata de personas que precisan de apoyo humano de manera permanente.

Precisamente, la asistencia sexual surge como respuesta a la demanda de este colectivo para hacer efectivo su derecho a ejercer y a disfrutar de la propia sexualidad en los mismos términos que el resto de la ciudadanía. Si bien se aprecia que, poco a poco, va habiendo un mayor interés internacional por atender la sexualidad de las personas con diversidad funcional, en España no parece que haya habido este avance.

Escenario internacional

En 1994, las Naciones Unidas contemplaron la especificidad de las personas con «discapacidad» y su derecho a una salud sexual y reproductiva en el Programa de Acción de la Conferencia Internacional sobre la Población y el Desarrollo. Dos años después, la misma organización abordó el ámbito sexual a través de la Convención internacional sobre los Derechos de Personas con Discapacidad; desde nuestro punto de vista, de manera demasiado tímida.

Los artículos 23 y 25 resultan cruciales. El primero, «Respeto del hogar y de la familia», reivindica el derecho a contraer matrimonio, formar una familia, ejercer la paternidad/maternidad y la posibilidad de mantener relaciones personales. El segundo recuerda que las personas con diversidad funcional tenemos derecho a que se promuevan programas que atiendan nuestra salud, incluida la sexual y reproductiva. Defender estos derechos implica, necesariamente, el pleno desarrollo de la vida independiente en materia de sexualidad. Y hacer efectivo este derecho supone poder disponer de figuras laborales de apoyo que actúen como recursos facilitadores.

Por tanto, la figura profesional del asistente sexual se constituye en una herramienta humana, cuyo objetivo explícito se cifra en garantizar la igualdad de oportunidades para las personas con diversidad funcional en el plano sexual y reproductivo.

Sin embargo, en la mayoría de las sociedades, la sexualidad es vista como un tema tabú, tanto desde el punto de vista sociopolítico como cultural, lo que dificulta aún más abordar este tema. La figura laboral del asistente sexual todavía necesita un importante recorrido conceptual y un mayor enfoque dentro de los derechos humanos.

Artículo incluido en

Sexo, una necesidad muy natural

    • Nele Langosch

Como cualquier humano, las personas con discapacidad física o intelectual también tienen necesidades sexuales. A pesar de las críticas, los acompañantes y asistentes sexuales les ayudan a satisfacerlas.

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