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1 de Enero de 2020
Salud

Inmersión saludable en el bosque

Los llamados «baños de bosque», paseos ­inmersivos en la naturaleza, benefician el cuerpo y la mente. Los investigadores estudian su aplicación médica.

UNSPLASH / ED VAN DUIJN (UNSPLASH.COM/PHOTOS/2UTJEMFEVEU)

En síntesis

Hace cientos de años, los investigadores ya postulaban que un contacto estrecho con la naturaleza ayuda a la recuperación psíquica de las personas.

Múltiples estudios demuestran los efectos beneficiosos para la salud que aportan los espacios verdes. En la actualidad, los médicos utilizan cada vez más las experiencias en la naturaleza para prevenir numerosas enfermedades o complementar su tratamiento.

Médicos japoneses y coreanos constataron en los años ochenta del siglo pasado los beneficios que aportan los baños de bosque para el sistema inmunitario y el aparato cardiocirculatorio. Desde entonces, el interés por este método ha aumentado en todo el mundo.

Adentrarse en el bosque tiene algo de mágico. El camino ondulante nos traslada de la agitada vida diaria a una agradable tranquilidad. Enormes árboles que se elevan hacia el cielo nos dan la bienvenida. La atmósfera cambia. Se respira aire fresco y limpio impregnado del olor a tierra húmeda y a musgo. Entonces, percibo los pequeños detalles: formaciones de setas que crecen en raíces singulares, plantas silvestres en flor, el canto de los pájaros apostados en los árboles y los rayos de sol que atraviesan, ahora sí, ahora no, sus copas. Resulta refrescante a la par que reconfortante estar tan cerca de la naturaleza. Al cabo de unas horas, me siento como si hubiera nacido de nuevo, como si alguien hubiera apretado el botón de «reinicio». Abandono el bosque rejuvenecida por dentro y por fuera. Quizás usted también haya experimentado esta sensación alguna vez. ¿Se ha preguntado qué le sucedió en el bosque?

Vivir la naturaleza, moverse, perder la noción del tiempo. La mayoría de las personas albergan recuerdos positivos de sus excursiones al bosque, sobre todo durante la infancia. Desde hace unos años, estas experiencias reciben un nombre: «baños de bosque». Consisten en sumergirse en la atmósfera del espacio forestal para refrescarse física y mentalmente. El origen de esta moda lo encontramos en Japón. Allí, en los años ochenta del siglo pasado, el Mi­nisterio de Agricultura, Ganadería y Pesca acuñó el concepto shinrin-yoku, que significa precisamente «baño de bosque». También en Corea del Sur es muy apreciada la regeneración en entornos boscosos, que denominan sanlimyok. Y en China se practica chi kung en el bosque, una tradición centenaria que llaman senlinyu.

El inmunólogo y profesor de la Escuela de Medicina de Tokio Qing Li está considerado el mayor experto a nivel mundial en la terapia del bosque o forestal. De hecho, es autor de una guía general para sumergirse en el bosque. Al inicio del libro, describe ese «baño» como un paseo relajado por un espacio boscoso, en el que uno se detiene a contemplar el entorno y realiza algunas pausas para beber e hidratarse.

Hasta hace unos años, una excursión al bosque era exactamente de esa suerte, ni más ni menos. Hoy, los terapeutas forestales y los autodenominados «gurús de los baños de bosque» hablan de «bañarse en el bosque». Y los amantes de la naturaleza de todas las procedencias y edades se dejan entusiasmar. De ese modo, se ha desarrollado rápidamente una nueva especialidad: «el maestro de baños de bosque». Formados en Austria y cada vez en más países, ofrecen visitas guiadas y entrenamiento para que la práctica se realice correctamente. También se han publicado libros especializados y blogs, algunos con una orientación más o menos esotérica o una relación con el chamanismo, que proporcionan instrucciones en cinco, siete o nueve pasos. En ellos se leen consejos como: «Pasea pausada y detenidamente, medita, realiza ejercicios de respiración, siente lo que te rodea, elabora un mandala, recoge piedras, abraza un árbol...». Esta lista de tareas contradice la idea de una estancia ociosa, sin presión alguna, en la naturaleza.

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