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1 de Enero de 2020
Sexualidad

Sexo, una necesidad muy natural

Como cualquier humano, las personas con discapacidad física o intelectual también tienen necesidades sexuales. A pesar de las críticas, los acompañantes y asistentes sexuales les ayudan a satisfacerlas.

GETTY IMAGES / ZIANLOB / ISTOCK

En síntesis

Por distintos motivos, las personas dependientes y las que presentan una limitación física o psíquica a menudo no gozan de una sexualidad autónoma.

Los asistentes y acompañantes sexuales las ayudan en el terreno sexual. Las caricias o la asistencia para masturbarse son algunos de sus servicios.

Hasta ahora, apenas existen estudios sobre los efectos de este controvertido servicio. Los expertos opinan que las residencias para personas con discapacidad intelectual requieren más recursos para afrontar la sexualidad de los usuarios.

Nina de Vries introduce sus utensilios de trabajo en un neceser de cosméticos rojo de topos blancos: loción corporal, desinfectante, mechero, papel de armenia (para el olor desagradable en algunas residencias de ancianos) y un despertador (para controlar la hora). Tampoco falta un CD con música relajante. «Las sábanas deben estar limpias, la habitación climatizada. También necesito un rollo de papel de cocina para limpiarme las manos», comenta.

De Vries, de 57 años, se encuentra en la colorida y alegre cocina-comedor de su casa, en la ciudad alemana de Potsdam. Tetera verde, mesa azul y cortinas rojas. Ella, por el contrario, viste de negro. Sus labios están meticulosamente pintados. Habla con entusiasmo. En una de sus pocas pausas, se enciende un cigarrillo largo y fino. Y explica: «Mi oferta no incluye sexo oral ni relaciones sexuales. Ofrezco mimos, caricias, contacto físico y abrazos para las personas con discapacidad múltiple grave».

Su objetivo es contribuir a que se cumpla un derecho fundamental: el libre desarrollo de la personalidad en un sentido sexual. Las personas con una discapacidad tienen las mismas necesidades sexuales que las demás. Y el mismo derecho a satisfacerlas. Pero, por múltiples motivos, a muchas les resulta complicado. Con frecuencia, saben lo que quieren pero necesitan ayuda, porque, por ejemplo, no pueden masturbarse a causa de una limitación física. Los asistentes sexuales pueden ayudar en estos casos.

En cambio, las personas con una discapacidad cognitiva o intelectual a veces no saben lo que es la sexualidad. Cuando los cuidadores, los trabajadores de una residencia o los familiares se percatan de que sus necesidades no se cubren y que sufren por ello, el acompañamiento sexual puede ofrecerle la posibilidad de aprender de las experiencias.

La frontera entre el asistente sexual y el acompañante sexual resulta difusa. Con frecuencia ambos conceptos se usan como sinónimos. De Vries es una de las pioneras en este campo. Cuando a mediados de los años noventa del siglo pasado empezó su actividad, no existía un nombre para referirse a ello. Por aquel entonces, esta terapeuta corporal trabajaba en un estudio de masajes eróticos de Berlín. Un día, realizó una visita a domicilio a un hombre al que le faltaban las dos piernas. Era su primer contacto con un cliente que tenía una discapacidad física. «Estaba nerviosa, pero con cada caricia mi miedo disminuía.» Al cabo de poco tiempo, se estableció como masajista autónoma y modificó el texto de su anuncio que aparecía en las revistas locales: «Masajes eróticos, también para personas con discapacidad». La noticia corrió como la pólvora, como un efecto de bola de nieve. Hoy afirma: «Para mí ya no es nada especial ofrecer servicios sexuales para personas con discapacidad».

Este artículo incluye

Derecho a la ­asistencia sexual

    • Nuria Illán
    • Soledad Arnau
    • Antonio Centeno

Mientras que en países como Alemania y Holanda la figura laboral del asistente sexual
se encuentra en vías de ser legalizada, en España se desconoce o rechaza.

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