Utilizamos cookies propias y de terceros para mejorar nuestros servicios y facilitarte el uso de la web mediante el análisis de tus preferencias de navegación. También compartimos la información sobre el tráfico por nuestra web a los medios sociales y de publicidad con los que colaboramos. Si continúas navegando, consideramos que aceptas nuestra Política de cookies .

«Aprender a respirar mejor es aprender a vivir mejor»

Guillaume Néry, doble campeón del mundo en apnea, se sumerge a más de 100 metros de profundidad sin respirar. Las técnicas que utiliza para ello le sirven también para su día a día.

Después de pasar varios minutos en las profundidades, el apneísta Guillaume Néry regresa a la superficie. Justo antes de emerger, expulsa de los pulmones el aire viciado, cargado de dióxido de carbono. La fotografía fue tomada durante una inmersión de entrenamiento en Creta, unos días antes de que intentara batir un récord mundial. [Neryblue; Cortesía de Guillaume Néry]

Guillaume Néry, hace poco declaró: «Aprender a estar en apnea es también aprender a respirar mejor, y aprender a respirar mejor es aprender a vivir mejor». ¿A qué se refiere exactamente?

En apnea se aprende a detener la respiración, pero también se aplican varias técnicas de respiración para estar relajado y resistir más tiempo. Este deporte me ha abierto una puerta al vasto mundo de la respiración. Fundamentalmente, aprender a dominarla es un modo de recuperar el control. Primero, el de tu cuerpo, pues la respiración es la única función del sistema nervioso autónomo sobre la que se puede actuar; y por otro lado, el de la mente. He descubierto hasta qué punto, modulando el ritmo y la profundidad de mi respiración, puedo modificar mis emociones, estados de consciencia, concentración y paz interior. Teniendo en cuenta nuestro estilo de vida actual, en el que estamos siempre estresados y nos distraen tantas formas de demanda, un medio de control así es muy valioso. Gracias a la respiración he aprendido a llevar y gestionar mejor el día a día y determinados acontecimientos. En resumen, a vivir mejor.

¿Podría citarnos alguna técnica que utilice para estar en apnea y que haya trasladado a su día a día?

Durante los tres o cuatro minutos antes de la inmersión, practico un ritmo de respiración especial. Inspiro unos cinco segundos, aguanto la respiración durante el mismo tiempo y luego expiro de forma controlada de quince a veinte segundos. Una vez que los pulmones están vacíos, hago una pausa de unos segundos. Se trata de una respiración muy lenta; un ciclo completo dura de treinta a cuarenta segundos. Efectúo entre un ciclo y medio y dos ciclos por minuto. Con este ejercicio entro en un estado de relajación profunda. No tiene nada que ver con la forma en la que hiperventila el apneísta japonés en la película El gran azul. Esta debe evitarse por comple­to antes de una inmersión, porque tendría el efecto inverso. Al principio desarrollé esta técnica de respiración lenta de una forma muy empírica, instintiva, pero unos años después me di cuenta de que se aproximaba a lo que se propone en un ejercicio de pranayama, la rama del yoga que se centra en la respiración.

Lo practico sobre todo en las competiciones, porque si el estrés es difícil de gestionar en todos los deportes, resulta especialmente problemático en el nuestro. Se acelera el ritmo cardíaco y eso va en contra de lo que buscamos, que es consumir poca energía y mantener la calma para hacer frente a las exigencias de las grandes profundidades. Esta práctica también es útil en la vida diaria, en los momentos de tensión, por ejemplo, para dominar los nervios antes de una conferencia o de salir a un plató de televisión. Aparte de esos momentos, intento aplicar en la vida cotidiana unos principios muy simples, como respirar de forma regular o, simplemente, tomar consciencia de la respiración. Es un modo de higiene respiratoria que te ayuda a tranquilizarte, a centrarte.

Se ha sumergido en apnea a 126 metros de profundidad. ¿Qué método de respiración utiliza?

Equivale a una apnea de unos tres minutos y treinta segundos. Para conseguirlo, hay que almacenar una cantidad enorme de aire en los pulmones. Se mide mediante la denominada capacidad vital, es decir, la cantidad de aire que somos capaces de inspirar y espirar. Se distingue de la capacidad total, que tiene en cuenta el volumen residual que siempre queda en los pulmones para que sus paredes no se adhieran. Para alguien de mi edad y constitución, la capacidad vital es de cuatro a cinco litros de media, aproximadamente. Con el entrenamiento adecuado, logro inspirar el doble, de ocho a nueve litros de aire.

Este artículo incluye

La actividad cerebral durante la apnea

    • Guillaume Jacquemont

El neurólogo y experto en la investigación de la consciencia, Steven Laureys,
ha explorado bajo el escáner cómo trabaja el cerebro del apneísta Guillaume Néry

Puedes obtener el artículo en...

¿Tienes acceso?

Los boletines de Investigación y Ciencia

Elige qué contenidos quieres recibir.