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«En neonatología ­volvemos a lo natural»

En el Hospital Sant Joan de Déu, en Barcelona, el método madre canguro se utiliza de manera rutinaria con los recién nacidos ­prematuros. Según explica Ana Riverola, consultora sénior de neonatología, el método aporta beneficios tanto al niño como a los padres.

Ana Riverola nació en Barcelona en 1962. Doctorada en Medicina por la Universidad de Barcelona, desde 1991 pasó a formar parte del equipo de neonatología en el Hospital Sant Joan de Déu, en Barcelona. En la actualidad es consultora ­sénior en neonatología de dicho hospital. Durante los últimos años, gran parte de su trabajo se ha focalizado en mejorar la atención a los recién nacidos prematuros extremos, con un enfoque centrado en el desarrollo y la ­familia. Sus principales intereses en investigación incluyen la morbilidad prematura, así como el análisis del ­entorno de la UCI de neonatología y su impacto en los prematuros. [Gemma Fernández Asensio / Servicio de medios audiovisuales del Hospital Sant Joan de Déu]

¿Cómo empezó la práctica del método madre canguro en el Hospital Sant Joan de Déu?

Hace unos veinte años, la madre de un niño prematuro nos explicó que había oído hablar del método canguro y que quería probarlo con su hijo. Las enfermeras la apoyaron de inmediato. El médico también dio vía libre. Y lo pusimos en marcha.

¿Qué ocurrió?

La madre se pasaba todo el día cuidando a su hijo, que apenas pesaba un kilo, con el método canguro. El niño recuperó peso y salió adelante. A partir de entonces, investigamos y nos informamos mejor sobre el método. Y poco a poco se fue introduciendo en el hospital. Hoy se practica con todos los bebés prematuros.

¿Con todos? ¿No hay algún requisito?

Es cierto que existen unos requisitos, aunque dependen de cada hospital. En nuestro caso, nos regimos por las semanas de gestación. Cuando el niño nace en la semana 23, 24 o 25, los llamados prematuros extremos, solemos esperar una o dos semanas antes de aplicar el método. Se trata de una medida de prevención. Muchas veces, estos niños llevan un catéter umbilical o algún aparato para respirar, por lo que esperamos unos días para evitar que se les caiga o salga la vía en el contacto piel con piel con la madre. Por lo general, el método canguro se aplica en bebés mayores de 26 semanas y lo antes posible.

¿Qué ventajas comporta?

Logra que los recién nacidos prematuros descansen de verdad; que puedan dormir. Un buen descanso es fundamental, porque hay ciertas fases del sueño que son muy importantes para el crecimiento y la maduración del cerebro. Se han llevado a cabo estudios, entre ellos uno en Israel, que demuestran que la calidad y la duración del sueño de los prematuros mejora con el método canguro. Cuando el niño se halla tan cerca de los padres, se evade de los estímulos del entorno. Está más protegido.

¿En una incubadora no duermen tanto?

No. Aunque nosotros tenemos una sala grande con varias incubadoras, siempre hay más ruido. La incubadora no protege del sonido exterior. Además, su motor también es ruidoso.

Ha hablado de «los padres». ¿No solo la madre puede hacer de «canguro»?

A veces, el padre se turna con la madre. También hemos tenido casos en los que la abuela o incluso los hermanos del neonato han hecho de canguro.

¿El resultado es el mismo?

Sí. Aunque, en teoría, el método es más eficaz si lo practica la madre. El niño percibe su olor, su voz, su calor. Es el recurso más parecido al útero del que disponemos. La respiración y el latido del corazón materno también le estimulan. Se cree que con el padre el efecto es similar, pero faltan estudios que lo demuestren, pues la mayoría se han realizado con madres.

¿Aporta el método ventajas para la madre?

Esta experiencia con el hijo le resulta muy estimulante. Además, favorece la producción de leche materna, un factor muy importante para los neonatos prematuros. También aumenta el apego o vínculo afectivo tanto en la madre como en el padre. Con frecuencia, los padres se asustan cuando ven a su hijo en la incubadora, tan lejano y con tantos cables. En cambio, cuando se lo colocan sobre el pecho desnudo, piel con piel, comentan: «Ahora sí siento que hago algo por él». Me acuerdo de un padre que nos dijo: «Llevo cuatro semanas haciendo de canguro; no sé el efecto que tendrá en mi hija, pero a mí me ha cambiado totalmente la sensación que tengo de ella. Por fin la he sentido como “mi” hija». Con la incubadora pueden tener la sensación de que todo lo hacen las enfermeras y las máquinas.

Así que el método canguro «engancha».

Cuando los padres empiezan, ya no quieren dejarlo. Además, si les explicas que ello ayudará a que su hijo crezca, a que su cerebro se desarrolle y que no sufrirá tantas infecciones, todavía se sienten mejor.

¿Cuánto duran las sesiones?

Lo ideal sería: cuanto más, mejor. Claro que los padres tienen otras obligaciones cotidianas que atender. Así que recomendamos que, como mínimo, se lleven a cabo dos sesiones de cuatro horas diarias. Es decir, un mínimo de ocho horas al día.

¿Se han encontrado con padres que rechacen el método?

Más que rechazo, algunos presentan miedo. Temen que a su hijo le pueda pasar cualquier cosa. «Lo veo muy pequeño, no quiero cogerlo» o «no quiero hacerle daño», explican algunos. Nosotros debemos tranquilizarles. Al principio, el miedo les limita un poco pero, después, llegan al hospital y lo primero que dicen es: «Vengo a hacer de canguro».

¿Hasta cuándo se puede aplicar el método?

Hasta que la madre y el niño quieran. Pero cuando los niños ya tienen unas 38 o 40 semanas, es decir, cuando están a término, intentan levantar la cabeza, moverse, no están tan quietos como cuando son prematuros.

¿Cuántos prematuros se atienden en su hospital?

Depende del año, entre 60 y 80 niños de menos de 32 semanas o 1500 gramos. Desde finales del siglo pasado hasta ahora, parece que, progresivamente, la prematuridad ha aumentado. Pero cada vez sobreviven más prematuros, incluso prematuros más extremos.

¿Gracias a la tecnología?

Los avances tecnológicos y del conocimiento son imprescindibles, pero no suficientes. Aparte de la tecnología tiene que haber una parte humana. Han de casar ambas cosas: la tecnología y la participación del padre y la madre, de la familia, que son el eje fundamental. En neonatología se tiene muy en cuenta el factor humano. Incluso más que hace unos años. Antes, cuando un niño a término nacía, los sanitarios lo cogían, lavaban, peinaban y lo ponían en una cuna. Se consideraba que era un ser inerte que ya iría creciendo. Pero se sabe que, desde el minuto cero, el niño interacciona con su entorno. Ahora se pone al recién nacido en los brazos de la madre, piel con piel, y se les deja un buen rato juntos. Eso ayuda a regular la temperatura, a la lactancia, a crear apego, entre otras muchas ventajas. Hemos vuelto a lo que somos, mamíferos.

De hecho, el método canguro surgió por la falta de recursos técnicos.

Hace unos doce años, vino al Hospital de Sant Joan de Déu una de las mayores impulsoras del método canguro, la pediatra Nathalie Charpak, quien compartió con nosotros su experiencia en Bogotá. Hoy, esta intervención se está instaurando en muchos países, entre ellos, la India. En la actualidad, ¿quién no ha oído hablar del método canguro? Veinte años atrás apenas se conocía.

¿Qué les pareció a los médicos más conservadores la llegada de este método?

Siempre hay personas que son más reacias a los cambios. Algunos se quejaban de que con el método canguro tendríamos todo el día a los padres en el hospital, que se alteraría el funcionamiento habitual del centro, etcétera. Pero ahora nadie duda del método. Los recién nacidos prematuros presentan niveles más altos de oxígeno, ganan más peso, regulan perfectamente la temperatura y están expuestos a los gérmenes y microbios de la madre, que los protegen, y no a los del ambiente hospitalario.

¿Es habitual la práctica de esta intervención en los hospitales españoles?

Hace unos diez años era menos frecuente, pero se ha ido introduciendo cada vez más. Hoy en día, en España se está trabajando muy intensamente en los cuidados centrados en el desarrollo y en la familia. Se trata de una serie de medidas pensadas para favorecer el desarrollo cerebral del niño y protegerlo del posible ambiente dañino del entorno hospitalario. Entre estas se encuentran, por ejemplo, controlar el ruido y la luz, la posición del niño cuando duerme y la lactancia materna, así como contar con la presencia de la familia el máximo de tiempo posible. El método canguro desempeña una función esencial en este tipo de cuidados.

Una vez salen del hospital, ¿se hace un seguimiento de los neonatos prematuros?

Tenemos un programa de seguimiento para los que nacen con menos de 1500 gramos hasta que cumplen seis u ocho años. La Sociedad de Neonatología también aconseja este seguimiento.

¿Recuerda algún caso en particular?

Son muchos los que han pasado por aquí, pero quizás uno destaca especialmente por su ternura. La madre de un prematuro venía acompañada de su hijo mayor, de siete u ocho años y muy revoltoso. Lo tocaba todo y no paraba quieto. Entraba y salía de la UCI de prematuros mientras su madre hacía de canguro. Un día, la enfermera le indicó al niño: «Hoy, tú harás el canguro». Se puso muy contento. Se sentó en el sillón, con el pecho descubierto, el bebé encima y la madre al lado. A partir de entonces, se mantuvo tranquilo. Cada día venía al hospital con un objetivo: ser el canguro de su hermano pequeño. El problema se había acabado; volvía a haber sosiego en la UCI. Fue precioso ver el vínculo que se estableció entre ambos hermanos con el método canguro. Estos vínculos son para toda la vida.

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