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Respirar de forma consciente, pensar con claridad

La respiración ejerce efectos sorprendentes sobre el funcionamiento de nuestro cerebro. Ello podría explicar por qué el yoga y la meditación ayudan a que nos concentremos.

 

UNSPLASH / ELIJAH HIETT

En síntesis

El ritmo de la respiración no solo sincroniza la actividad neuronal en el bulbo olfativo y la corteza olfativa, como se pensaba hasta ahora, sino que desde allí llega a toda la corteza cerebral. Al menos, en las regiones que se han investigado hasta ahora.

La respiración influye en las capacidades cognitivas superiores, entre ellas, la de representación espacial y la de atención.

Es probable que el ritmo de la respiración desempeñe también un papel en la memoria. En el hipocampo de ratones aparecen las llamadas «ondas agudas» entre inspiración y espiración. Estas son esenciales para transferir lo aprendido a la memoria a largo plazo.

La pantalla parece parpadear por un momento. Tim se ha preparado durante semanas para las difíciles pruebas. Tres de cada cuatro aspirantes fracasan. Hace unas horas que el examen ha empezado y la atención de Tim decae lentamente. Con la mayor rapidez posible debe deducir la dirección y la inclinación de un avión a partir de la información de dos indicadores. Dispone de cuatro imágenes para elegir la respuesta. Sin embargo, no consigue transformar los valores de la escala y las indicaciones numéricas de manera espacial. Le asalta un asomo de pánico. Se concentra unos segundos en su respiración. Inhala profundamente. Observa de nuevo el problema. Ya sabe la solución correcta.

La inspiración repentina de Tim quizá no sea una casualidad. Según se ha comprobado, la actividad neuronal en toda la corteza cerebral se sincroniza con el ritmo de la respiración nasal, lo que produce que aparezcan efectos extraordinarios cuando nos concentramos de manera consciente en cada respiración. Además, se mejora la capacidad de representación espacial y de memorización durante la inspiración. Es posible que los estudios futuros nos expliquen cómo podemos memorizar con mayor rapidez listas de palabras o de números mediante la respiración controlada. No obstante, todavía estamos al comienzo de un fascinante nuevo capítulo de la neurociencia en el que la respiración desempeña un insospechado papel fundamental para el pensamiento. Los investigadores se interesan cada vez más por conocer las técnicas de respiración del yoga y de la meditación, que observan bajo una luz totalmente nueva.

Es probable que, hasta hace poco, la mayoría de los científicos no hubieran imaginado que la respiración podría ejercer una influencia de ese tipo en las funciones cognitivas. De hecho, solo se conocía una actividad dependiente de la respiración en las regiones olfativas del cerebro. En los años cincuenta del siglo pasado, el fisiólogo Edgar D. Adrian (1889-1977) había observado fluctuaciones de la actividad neuronal en el bulbo olfativo de conejos, las cuales estaban sincronizadas con el ritmo de la respiración. El hallazgo parecía lógico, puesto que las informaciones de los olores llegan con el aire de la respiración. Pero, aparte de la corteza olfativa, la corteza cerebral no guarda ninguna relación con el ritmo de la respiración, o al menos en eso han estado de acuerdo los investigadores durante más de sesenta años.

Con todo, les llamó la atención que en las mediciones de la actividad eléctrica del cerebro mediante electroencefalografía (EEG), de vez en cuando, las señales corticales cambiaban con la inspiración y la espiración de los participantes. No obstante, estas oscilaciones se consideraban un artefacto de la medición. Es decir, molestas e inevitables señales alimentadas por los movimientos musculares de la persona. En la EEG se colocan electrodos de medición altamente sensibles sobre el cuero cabelludo del sujeto para detectar las más minúsculas tensiones que genera el cerebro bajo los huesos craneales. Pero también cada contracción muscular genera cambios en la tensión eléctrica, que pueden ser sustancialmente mayores que las señales cerebrales. Así, por ejemplo, un guiño produce oscilaciones, por lo que la actividad neuronal en ese momento no puede analizarse y los datos, sencillamente, se suprimen. Ya que cuando respiramos se activan numerosos músculos, se asumía que las oscilaciones en la medición se debían, simplemente, a la musculatura.

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