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Actualidad científica

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  • Mente y Cerebro
  • Septiembre/Octubre 2014Nº 68
Encefaloscopio

Percepción

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El cerebro de los invidentes capta la luz

Los estímulos lumínicos provocan una rápida reacción neural incluso en las personas ciegas.

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La presencia de luz no solo permite ver. Un estudio de Gilles Vandewalle y sus colaboradores de la Universidad de Montreal sugiere que también influye en otras funciones cerebrales, incluso cuando se está privado de visión.

Estudios anteriores habían revelado que ciertas células fotorreceptoras ubicadas en la retina pueden detectar luz, aunque se padezca ceguera. La mayoría de estos trabajos indican que deben transcurrir al menos 30 minutos de exposición para que el estímulo lumínico afecte la cognición por vías no visuales. Sin embargo, en el experimento dirigido por Vandewalle bastaron unos pocos segundos para alterar la actividad cerebral de tres probandos con ceguera total, pero bajo una condición: que su cerebro se hallara en procesamiento activo.

Al inicio del ensayo, los experimentadores preguntaron a los participantes, quienes confirmaron que no percibían ninguna fuente luminosa, si una luz de color azul se encontraba encendida o apagada. Los voluntarios respondieron de forma correcta con una frecuencia mayor que de manera aleatoria. Mediante magnetografía funcional se constató que menos de un minuto de exposición a la luz azul suscitaba modificaciones en la actividad cerebral asociada a las funciones de vigilancia y ejecución. Si los probandos recibían de modo simultáneo una estimulación auditiva, bastaban dos segundos de luz para modificar la actividad cerebral. Los autores consideran que el hecho de oír ruido implica un procesamiento sensorial activo, por lo que el cerebro responde con mayor rapidez. (En los estudios anteriores, el cerebro de los invidentes se hallaba en reposo.)

Estos resultados confirman que el cerebro es capaz de detectar luz en ausencia de visión operativa. Asimismo sugieren que la luz modifica la actividad cerebral por vías no vinculadas a la vista. En conclusión: la percepción no visual de luz puede contribuir a regular muchos aspectos de la función cerebral humana; entre ellas, los ciclos de vigilia y sueño y la detección de peligro.

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